Portugal continuaba ayer sin lograr controlar el gran incendio que azota el centro del país desde el sábado 17 y que, no solo no ha remitido como se esperaba, sino que se ha extendido hacia el norte.
Más de tres mil efectivos, entre bomberos, miembros de Cruz Roja y del ejército, trabajan en la zona más afectada para sofocar las llamas y prestar ayuda a las personas de las numerosas aldeas evacuadas.
Los mayores incidentes se registraron en las comarcas de Góis y Pampilhosa da Serra, dondeya habían sido desalojadas una treintena de pueblos ante la amenaza del voraz incendio. Además, una de las principales vías de comunicación entre las poblaciones de la Sierra de Lousã, la carretera nacional 112, fue cortada a cualquier vehículo que no fuese oficial para evitar que pudieran ser atrapados por las llamas, como ocurrió en las primeras horas de la tragedia. La lengua más al norte del incendio, hacia donde sopla el fuerte viento, se sitúa en la población de Soerinho (comarca de Pampilhosa da Serra), lo que revela el considerable avance del fuego, iniciado en la tarde del sábado en la comarca de Pedrógão Grande, a unos 40 kilómetros de distancia.
