Los bomberos continuaban trabajando para refrescar los restos todavía humeantes de la torre residencial de 24 plantas en el oeste de Londresque fue devorada la noche del martes 13 por un incendio en el que han muerto, al menos, 12 personas y 78 resultaron heridas, y cuya causa aún no se conoce.
La Policía teme que la cifra de víctimas mortales aumente a medida que se inspeccione a fondo la torre Grenfell, donde se encontraban entre 400 y 600 personas cuando el fuego comenzó a extenderse, pasada la medianoche.
Entre los heridos, 18 continúan en estado critico, mientras que las autoridades locales y entidades de la zona han habilitado espacios para proveer de ropa, alimentos y alojamiento a los afectados por el siniestro.
Asociaciones vecinales aseguran que habían advertido sobre deficiencias de seguridad en la torre, construida en 1974 y rehabilitada en 2016, mientras que el Gobierno ha anunciado un plan para inspeccionar edificios similares y ofrecer garantías a sus residentes de que cumplen con la normativa contra incendios.
"En su debido momento, una vez el lugar haya quedado asegurado, y cuando sea posible identificar las causas de este fuego, por supuesto se hará la investigación pertinente y si hay lecciones que aprender", dijo la primera ministra británica, la conservadora Theresa May.
Más de 250 bomberos, un centenar de médicos y otros cien policías se desplazaron de madrugada al inmueble, que por la mañana fue inicialmente acordonado por la policía ante el temor a que se derrumbara.
