Al menos, 145 personas murieron ayer en un asalto de las fuerzas afines al Gobierno de unidad sostenido por la ONU a una base militar en el sur de Libia controlada por soldados leales al mariscal Jalifa Hafter, hombre fuerte del este del país, informaron fuentes castrenses.
Según el coronel Ahmad al Masmari, portavoz del Ejército Nacional Libio (LNA), que lidera Hafter, entre las víctimas hay también civiles que trabajaban en la citada base, situada en pleno desierto libio.
"La mayor parte de los soldados iban desarmados. Volvían de participar en un desfile militar cuando fueron emboscados y en muchos casos ejecutados", explicó.
Las sospechas de la masacre recaen sobre la llamada "Tercera Fuerza", una milicia controlada por la ciudad estado de Misrata y aliada del ministro de Defensa del gobierno de unidad sostenido por la ONU en Trípoli, Al Mahdi al Barghati, antiguo socio de armas de Hafter y actualmente su enemigo más enconado.
La referida milicia, desplazada al sur para evitar que el citado mariscal avance y conquiste el estratégico oasis de Sebha, capital del sur de Libia, anunció anoche que había emprendido una ofensiva contra la base de Brak al-Shati.
Ante la gravedad de las informaciones, el gobierno en Trípoli, que lidera Fayez al Serraj, ha ordenado abrir una investigación y al parecer ha suspendido de sus funciones a Al Barghati hasta que se conozca lo sucedido, pese a que este ha condenado la presunta masacre y declinado cualquier responsabilidad.
La acción ha sido denunciada, igualmente, por el enviado especial de la ONU a Libia, Martin Kobler, quien se ha mostrado "horrorizado" por la muerte de civiles y pedido contención a las partes enfrentadas.
Aun así, Aqila Saleh, líder del Parlamento de Tobruk -única institución libia que conserva el pleno reconocimiento internacional- ha revelado que ha pedido a las fuerzas bajo el control de Hafter que "adopten las medidas necesarias para defender el sur y limpiarlo de milicias ilegales".
