El miedo a los continuos ataques con morteros y drones del grupo terrorista Estado Islámico (EI) en los barrios liberados de Mosul está empujando a los civiles a huir de nuevo de esta ciudad del norte de Irak hacia los campos de refugiados.
La escena se ha vuelto cotidiana: un proyectil cae sin previo aviso en medio de un barrio populoso o en un lugar de ocio, o cerca de un edificio público; las ambulancias evacúan a las víctimas y la metralla deja su huella en las fachadas de los edificios, castigadas por más de tres meses de combates.
"La situación es muy difícil. No hay lugar seguro", dijo a EFE Hamid al Nesmaui, un habitante de Mosul, según el cual por lo menos un millar de personas ha vuelto a hacer las maletas por el temor a los ataques indiscriminados del EI.
La Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) ha constatado un repentino movimiento de regreso hacia los campamentos, que habían comenzado a vaciarse tímidamente con el final de la campaña militar en el este de Mosul en enero.
