La continuidad del alto al fuego en Siria peligra después de que grupos rebeldes hayan "congelado" su participación en las negociaciones de Astaná, como respuesta a las "violaciones" de la tregua, en concreto los ataques del régimen en la zona estratégica de Uadi Barada, en las afueras de Damasco.
El Observatorio Sirio de Derechos Humanos informó ayer de que los aviones de guerra del Gobierno siguieron bombardeando Uadi Barada, al noroeste de la capital siria, mientras continúan los enfrentamientos entre el ejército y las facciones rebeldes opositoras en esta área.
Asimismo, helicópteros militares lanzaron barriles de explosivos -armamento destructivo y poco preciso- sobre la población de Basima, objetivo de los ataques gubernamentales en los pasados días, y la localidad de Ain al Fiya, donde se encuentran los manantiales que abastecen Damasco de agua.
Un activista de la región, identificado como Ali Diab, dijo a EFE que las fuerzas del régimen lanzaron barriles explosivos sobre Basima y Ain al Fiya, mientras que los rebeldes repelieron un ataque terrestre de las tropas. Añadió que hay decenas de civiles heridos de gravedad por los bombardeos, cuyas vidas corren peligro porque no hay centros médicos ni suministros para que reciban tratamiento en la zona, cercada por el ejército y milicias progubernamentales.
Diab señaló que algunos civiles intentaron salir del área sitiada pero recibieron disparos.
Por su parte, el Observatorio explicó que el régimen del presidente Bachar al Asad intenta ganar terreno en Uadi Barada, actualmente controlado por los insurgentes, los cuales han acusado al Gobierno de intentar cambiar el "statu quo" existente antes del acuerdo de alto el fuego alcanzado la semana pasada.
