Los cabecillas de la sublevación serán identificados y trasladados a una cárcel controlada por el Gobierno federal, según explicó ayer el ministro de Justicia, Alexandre de Moraes, tras reunirse con los funcionarios de Amazonas para analizar la crisis en ese estado, donde se registraron un total de cuatro motines entre el domingo 1 y el lunes 2.
"Esto es algo que venía formándose desde hacía algún tiempo, el odio entre las personas ha aumentando. Es un triste episodio", dijo Almeida.
El presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la OAB fue testigo del reguero de sangre que dejó la reyerta, en la que fueron decapitados y descuartizados decenas de cuerpos.
"La sensación fue de atrocidad. Marcó mucho, no solo para mí, sino para toda la sociedad. Con todas esas fotos y vídeos circulando, la humanidad amaneció más pobre", lamentó.
ALERTA
Brasil reactivó ayer las alarmas sobre su sistema penitenciario después de que 56 presos murieron en una cárcel de la Amazonia durante un enfrentamiento entre bandas, una guerra interna del crimen organizado a la que se suma las condiciones precarias de los presidios y el hacinamiento.
"Todo esto es la consecuencia de un sistema fallido que no tiene como continuar", dijo a EFE Epitácio Almeida, presidente de la Comisión de Derechos Humanos de la Orden de los Abogados de Brasil (OAB), quien coordinó las negociaciones para la liberación de rehenes en la cárcel que fue escenario de la matanza.
Almeida, quien desde hace siete años participa como mediador en rebeliones carcelarias, aseguró que la matanza en la cárcel de la ciudad amazónica de Manaos fue el punto álgido de una "guerra entre facciones" que ocurre desde hace años en el estado de Amazonas y Brasil.
