El oficialismo brasileño dejó atrás ayer la crisis generada por el juicio por presunta corrupción abierto contra el jefe del Senado, Renán Calheiros, y aceleró hacia la aprobación de un polémico ajuste fiscal propuesto por el Gobierno.
"Es momento de concentrarse en las materias que el país tiene que debatir para superar la crisis económica", declaró Calheiros en una acalorada sesión con la que el Senado retomó sus trabajos tras dos días virtualmente paralizado por su delicada situación judicial.
La nueva crisis se instaló en el Parlamento la semana pasada, cuando la Corte Suprema instauró una causa penal contra Calheiros por supuesta corrupción y lo convirtió así en el primer presidente del Senado brasileño enjuiciado durante el ejercicio de esa función.
El lunes 5, la situación se agravó con la decisión de un juez del Supremo de suspender a Calheiros de su cargo a través de una medida cautelar ignorada por la Mesa Directiva del Senado y anulada este miércoles 7 por el pleno de la misma corte.
Calheiros es miembro del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), que lidera el presidente brasileño Michel Temer, y un cambio en la jefatura del Senado podría haber obstaculizado la aprobación del ajuste fiscal, rechazado por la oposición.
Si la cautelar era mantenida, Calheiros habría sido sustituido por el vicepresidente del Senado, Jorge Viana, del Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenece la expresidenta Dilma Rousseff, destituida en agosto y que califica a Temer de "golpista". Ante la crisis política causada por la situación de Calheiros, que llevó a cancelar las sesiones de la Cámara Alta durante tres días, la senadora comunista Vanessa Grazziotin presentó ayer una solicitud formal para suspender los debates sobre el ajuste fiscal.
