Un pequeño grupo de manifestantes invadió ayer el pleno del Parlamento de Brasil en medio de un clima de confusión, mientras en Río de Janeiro la Policía disolvió una masiva protesta de empleados públicos contra los ajustes anunciados por el Gobierno.
Aunque minoritaria, la protesta realizada en pleno hemiciclo de la Cámara de Diputados tuvo un impacto mayor y hasta obligó a que fuera suspendida una sesión ordinaria de ese órgano legislativo, que canceló sus actividades mientras se mantuvo la confusión.
Sin conexión alguna, ambas protestas pusieron el dedo en la llaga de las penurias económicas que vive la primera economía suramericana y también de la profunda indignación de la sociedad con continuos escándalos de corrupción.
