La guerrilla de las FARC, que por cinco décadas intentó llegar al poder mediante la lucha armada, afronta con la firma de la paz el reto de convertirse en un movimiento político y conseguir en las urnas el apoyo que no obtuvo por la fuerza de las armas.Como han dicho repetidas veces el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, y el jefe negociador de paz del Gobierno, Humberto de la Calle, se trata de "cambiar las balas por los votos" y que las FARC dejen de existir como organización armada ilegal, objetivo del acuerdo negociado en La Habana.El tránsito de la clandestinidad a la legalidad fue el eje de la décima y última conferencia guerrillera celebrada esta semana en los Llanos del Yarí, en el sur del país, como parte de los compromisos adquiridos con el acuerdo de paz.Juega en contra del nuevo movimiento el recuerdo que la mayoría, de los colombianos tiene de las atrocidades cometidas por la guerrilla en el último conflicto armado del continente, que dejó cerca de ocho millones de víctimas, entre ellos unos 220.000 muertos, según el Centro Nacional de Memoria Histórica. Por ello, el director del Observatorio para la Democracia de la Universidad de Los Andes, Miguel García, dijo a EFE que "la degradación de la guerra que generaron las FARC hizo que se acabara la visión romántica que muchos tenían de ese grupo".
