Filipinas condenó ayer la decapitación del canadiense Robert Hall a manos del grupo terrorista Abu Sayyaf al no pagarse un rescate en el plazo exigido, un asesinato que el Gobierno tildó de "inhumano" y "brutal".
La confirmación se produce al día siguiente de que unos vecinos encontraron en la isla de Joló, en el convulso sur del país, la supuesta cabeza de Hall, el segundo rehén canadiense asesinado en menos de dos meses.
"Condenamos enérgicamente el asesinato brutal y sin sentido del señor Hall, un ciudadano canadiense, después de haber estado secuestrado por Abu Sayyaf en Sulu los últimos 9 meses", afirmó en un comunicado Herminio Coloma, portavoz del presidente filipino, Benigno Aquino.
"Este último crimen atroz sirve para fortalecer la determinación de nuestro Gobierno en poner fin a este reinado de terror y vandalismo", subraya el texto. Abu Sayyaf anunció el pasado mes de mayo que mataría a Hall o a otro de sus rehenes occidentales, el noruego Kjartan Sekkingstad, si antes del 13 de junio no habían recibido un rescate de 600 millones de pesos (unos 12.6 millones de dólares o unos 11.2 millones de euros). Los rebeldes cumplieron con su amenaza pocos minutos después de vencer el plazo, según indican informes de inteligencia de las Fuerzas Armadas de Filipinas, aunque la cabeza no fue hallada hasta el lunes 13 en Joló, en la provincia meridional de Sulu.
