La Policía brasileña dispersó ayer a decenas de manifestantes que estaban concentrados desde la noche del miércoles en la céntrica avenida Paulista, para exigir la renuncia de la presidenta Dilma Rousseff y expresar su rechazo al nuevo ministro de la Presidencia, el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva.
Sin éxito en las negociaciones para una retirada pacífica, la Policía Militarizada de San Pablo ordenó en la mañana de ayer viernes la intervención de la Tropa de Choque, como se conoce al batallón antidisturbios, para dispersar la manifestación que duraba ya cerca de cuarenta horas.
Los policías utilizaron descargas de agua con mangueras de presión y cuando algunos de los manifestantes respondieron con piedras y objetos en su contra, los agentes lanzaron gases lacrimógenos.
La acción fue rápida y no demoró más de diez minutos, suficientes para liberar el tráfico de vehículos en la céntrica avenida, identificada como el "corazón financiero" de Brasil.
