El Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), la mayor fuerza de la coalición que respalda a la presidenta Dilma Rousseff, se sumergió ayer en debates previos a una convención nacional en la que hoy sábado puede decidir romper con el Gobierno.
El PMDB, que lidera el vicepresidente Michel Temer, celebrará su convención en momentos en que Rousseff enfrenta una profunda crisis económica y política y en vísperas de unas protestas convocadas por grupos opositores, que el domingo pretenden llevar a las calles a millones de personas para exigir la destitución de la mandataria.
Rousseff mantiene los peores índices de popularidad que ha tenido un gobernante en Brasil, en torno al 10 %, y su imagen ha sido más golpeada ahora por los problemas judiciales de Luiz Inácio Lula da Silva, su antecesor y padrino político, amenazado por un pedido de detención preventiva sobre el que la justicia aún no decide.
La excusa formal de la convención del oficialista PMDB es elegir a la nueva directiva y analizar la coyuntura política, pero las alas disidentes de esa formación, que han ganado fuerza al calor de la crisis, van más allá y exigen "desembarcar" del Gobierno. El mayor fortín de la disidencia del PMDB se sitúa en los estados del sur del país, los más ricos e industrializados y en los que los sectores que presionan por una ruptura con Rousseff han reflejado su posición en un documento aprobado la semana pasada y que presentarán mañana en la convención.
Tras un preámbulo de cinco párrafos con unas muy duras críticas al Gobierno y al Partido de los Trabajadores (PT), al que pertenecen Rousseff y Lula, los disidentes del PMDB exigen que el partido "se separe de la desastrosa conducción del país y actúe de forma independiente en el Congreso Nacional".
