Egipto celebró ayer el quinto aniversario de la revolución de 2011 de una manera discreta en una jornada en la que los activistas prefirieron permanecer en sus casas ante el gran despliegue de seguridad formado para impedir la movilización opositora.
El epicentro de aquellas multitudinarias manifestaciones que se iniciaron el 25 de enero de 2011, la cairota plaza Tahrir, apenas festejó ayer que han pasado cinco años desde el comienzo de aquel movimiento social que derrocó a un régimen. Tan solo decenas de personas se congregaron en ella y, lejos de recordar el levantamiento popular, se decantaron por alabar a las actuales autoridades, lideradas por el presidente Abdelfatah al Sisi, estandarte del golpe militar de 2013.
Una de las presentes, Mina Nabil, madre de uno de los fallecidos durante las protestas de 2011, señaló a EFE que Al Sisi "salvó" a Egipto de caer en un conflicto como el de Libia.
Además, afirmó que sus familiares y amigos le instaron a no acudir a Tahrir por temor a que se produjeran episodios violentos, pero ella decidió rendir así un nuevo homenaje a su hijo y mandarle un mensaje: "No te he olvidado".
Decenas de policías rodeaban la celebración, algunos con flores y banderas de Egipto en las manos y sin blindar los accesos a la plaza al trafico como ocurrió en años anteriores.
Desde hace días, se respira en el país un ambiente de tensión, propiciado por un acoso policial hacia los activistas y con el objetivo de impedir potenciales protestas contra el actual sistema, resultado del golpe de Estado de 2013 y criticado por los opositores por ser más represivo que el de Hosni Mubarak que cayó en 2011.
Los activistas que aún no han sido encarcelados se vieron hoy obligados a permanecer en sus casas o a celebrar actos privados por miedo a ser detenidos por la policía, que custodiaba los emblemáticos lugares de la revolución.
"El precio de protestar en la calle es muy caro y el pueblo egipcio ha optado por cambiar su táctica evitando salir, para no enfrentarse a la policía y al ejército", dijo a EFE el secretario general de la Coalición Popular Socialista, Talaat Fahmy, que celebró un acto en la sede de su partido.
Para Fahmy, el pueblo egipcio continúa viviendo "la misma situación que vivía en 2011, ya que sus sueños y reivindicaciones no se cumplieron por culpa del control de la seguridad".
Sin embargo, ha empezado a "desarrollar una consciencia que considera que las reivindicaciones de la revolución se conseguirán mediante nuevas vías que no conocía antes y a través de un derecho que no se le permitía ejercer, que es el derecho a la organización".
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