Argentina estrenó ayer un nuevo e inédito ciclo político en el que el oficialista Daniel Scioli y el conservador Mauricio Macri protagonizan una ajustada carrera en busca de votos para alcanzar la Presidencia en segunda vuelta.
"Es el comienzo de una nueva Argentina", dijo ayer un pletórico Macri en su primera rueda de prensa tras las elecciones del domingo, en las que superó todos los pronósticos y sumó 34,34 % de los sufragios, solo 2,5 puntos por debajo de Scioli.
"La segunda vuelta es una gran final por el futuro del país", afirmó el candidato oficialista también en su primer contacto con los medios, una convocatoria que se transformó en un acto de campaña en el que Scioli estuvo arropado por decenas de colaboradores y simpatizantes.
Pese a ser el más votado en los comicios presidenciales del domingo, Scioli fue el gran perdedor de la jornada, no solo porque no logró ganar en primera vuelta partiendo como favorito en las encuestas, sino porque se quedó con apenas un 36 % de votos, un porcentaje menor del que logró en las primarias del pasado agosto.
Scioli trató ayer de mostrarse optimista: "pongamos las cosas en claro, volvimos a ganar la elección", dijo, convencido de que "están mucho más lejanas las visiones del socialismo y del progresismo de Macri que de nosotros". "El problema lo tiene él (Macri), no lo tenemos nosotros", insistió.
Ambos candidatos ultiman sus nuevas estrategias para la frenética campaña que se desarrollará en las próximas cuatro semanas en busca del voto de las fuerzas que quedaron fuera del balotaje. La gran ausente de la jornada ha sido la presidenta Cristina Fernández.
