La decisión de Hungría de cerrar físicamente su frontera con Serbia disparó ayer la tensión, no solo con los refugiados que reclaman, incluso de forma violenta, poder pasar y salir del limbo legal en que se encuentran, sino también con el Gobierno serbio.
Día y medio después de que se interrumpió el paso de refugiados, un pequeño grupo de entre los cientos que esperan en la zona de nadie entre los dos países derribó las vallas que cierran el cruce fronterizo de Horgos para forzar su entrada en Hungría, pero la Policía los detuvo empleando gas pimienta y un cañón de agua, según mostraron varias emisoras de televisión. En las imágenes pueden verse también a algunos refugiados que arrojan objetos a los agentes.
Zoltán Kovács, portavoz del Gobierno húngaro, aseguró: "la prensa mundial puede ver que no se trata de refugiados pacíficos. Inmigrantes agresivos y armados han sitiado la frontera húngara", según recoge el portal informativo Origo. "Libertad!" y "Abran las puertas!" gritaban los refugiados, provenientes en su mayoría de países en conflicto como Siria o Afganistán y cuya meta es llegar a Europa Occidental, principalmente a Alemania.
La Policía informó de que catorce agentes sufrieron heridas y dos de ellos fueron hospitalizados, pero no dio detalles sobre lesiones entre los refugiados.
Según cálculos de la televisión pública M1, unos 150 inmigrantes sufrieron heridas en el choque con los agentes.
Péter Szijjártó, ministro de Exteriores húngaro, anunció que se había comunicado con su homólogo serbio, Ivica Dacic, a raíz de unos acontecimientos en los que, dijo, "la policía fue atacada brutalmente".
"Le he pedido que actúen, ya que el ataque vino de territorio serbio", agregó Szijjártó.
El ministro agregó que este cruce fronterizo permanecerá cerrado al menos por un mes más. Serbia anunció el envío de fuerzas policiales para evitar agresiones a los agentes húngaros desde territorio serbio y para apartar a los refugiados de la valla. "Haremos lo posible para que no haya más incidentes, pero nos gustaría que los colegas húngaros actuaran con menos agresividad hacia los inmigrantes. Entonces sería más fácil controlar la situación", indicó el Ministerio del Interior serbio en un comunicado.
El ministro de Trabajo serbio, Aleksandar Vulin, acudió a la zona y se dirigió a los refugiados pidiéndoles calma. Autobuses fletados por la Policía serbia se llevaron posteriormente a muchos refugiados al centro de acogida de Kanjiza y la situación en la frontera se tranquilizó, según la emisora N1. Las leyes prevén penas de entre uno y tres años por el cruce ilegal de la frontera.
