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Norte y Sur permanecen técnicamente enfrentados desde la Guerra de Corea (1950-53), que finalizó con un armisticio.
Corea del Norte y Corea del Sur alcanzaron ayer un acuerdo para poner fin a una tensa crisis militar después de tres días de maratonianas reuniones de alto nivel, anunciaron los negociadores de Seúl.
Según el acuerdo, Pionyang ha accedido a lamentar su ataque con minas del día 4 que provocó un intercambio de fuego de artillería y prometió hacer esfuerzos para no recurrir a más provocaciones, explicó a los periodistas Kim Kwan-jin, director de la Oficina de Seguridad Nacional de Corea del Sur.
El Gobierno de Seúl acordó apagar los altavoces que emiten propaganda en la frontera contra el régimen de Kim Jong-un.
Corea del Sur comenzó las transmisiones propagandísticas hacia el Norte a principios de este mes por primera vez en 11 años, como represalia por la colocación de las minas terrestres.
El Gobierno de Corea del Norte pidió repetidamente que se pusiera fin a estas transmisiones al considerarlas un insulto a su dignidad. Altos representantes de las dos Coreas llegaron al acuerdo tras negociar desde el pasado sábado de manera prácticamente ininterrumpida en la Aldea de la Tregua de Panmunjom, ubicada en la frontera del paralelo 38. El principal representante de Seúl en las negociaciones calificó el gesto de Pionyang de admitir los ataques como "muy significativo", según declaraciones recogidas por la agencia local Yonhap.
Hasta ahora Corea del Norte había negado su implicación en el incidente de las minas y aseguraba que no disparó proyectil alguno, acusando a Seúl de haber inventado los hechos.
Desde el jueves 20, la tensión entre las dos Coreas había alcanzado un alto grado y Piongang llegó a calificar la situación "casi estado de guerra".
Las maratonianas sesiones de diálogo 2+2 que permitieron un acuerdo esta madrugada han estado protagonizadas por cuatro de los altos cargos más influyentes de Seúl y Pionyang.
Frente a Kim Kwan-jin, que impuso en 2010 duras sanciones al Norte tras dos ataques militares -entonces como ministro de Defensa- se sentó Hwang Pyong-so, vicemariscal y director del buró político del Ejército Popular de Corea del Norte, considerado "número dos" del Estado comunista.
