Potosí amanece nuevamente con un paisaje que ya se volvió habitual. Decenas de vehículos alineados durante horas, incluso durante toda la noche, en una interminable “serpiente metálica” que se arrastra por las calles en busca de unas cuantas gotas de diésel.
En la avenida Litoral, la fila de motorizados llegó a extenderse hasta conectar con la avenida Sevilla, formando un embudo vehicular que revela, sin adornos, la gravedad del problema. Para muchos conductores, dormir dentro de su vehículo se ha convertido en parte de la jornada laboral.
Los choferes, visiblemente agotados y frustrados, coinciden en una sola idea: el Gobierno no ha logrado resolver el abastecimiento de diésel, pese a los anuncios optimistas. Aunque la tensión por la gasolina parece haberse reducido, el transporte diésel sigue viviendo un calvario diario, especialmente los micros tipo “Civiliam”, que constituyen la mayoría en las estaciones de servicio y cuya actividad depende de cada litro.
