El Departamento de Potosí cumplió con la jornada electoral, pero lo hizo en un ambiente donde la democracia se mezcló con la vigilancia. El voto estuvo protegido por cordones policiales y militares, que ocuparon calles, plazas y caminos de municipios considerados de alto riesgo.
En el norte potosino, localidades como Llallagua, Uncía y Pocoata fueron convertidas en zonas de control permanente. Allí, el recuerdo de anteriores estallidos sociales obligó a un despliegue que superó al de otros departamentos, con patrullajes continuos, retenes de control y uniformados vigilando incluso el ingreso de vehículos a las comunidades.
El episodio más sensible se registró en Mocori, donde efectivos policiales detuvieron a un ciudadano que portaba propaganda del voto nulo, además de un arma blanca y una honda. Aunque fue presentado como un hecho aislado, la noticia agitó el temor de que pequeños incidentes pudieran escalar en zonas rurales.
