En una mañana medio lluviosa, Potosí despertó con la noticia de una tragedia que quebró corazones y dejó un vacío imborrable. Un terrible accidente en la carretera Uyuni – Villazón, se llevó 19 almas, dejando tras de sí una estela de dolor y llanto en las familias. También resultaron heridas nueve personas con diferente diagnóstico.
Hasta anoche, el personal policial de Uyuni no pudo identificar a la mayoría de las personas muertas y solicitó ayuda para ese objetivo.
Ese doloroso incidente marca un triste récord como el accidente más grave de este año. El ómnibus de la flota Panamericana, que salió de La Paz con destino a Villazón, sufrió un fatídico vuelco de campana cerca de la comunidad de Cerdas, a escasos 65 kilómetros de Uyuni.
El escenario del accidente era sobrecogedor. Restos del vehículo y pertenencias de los pasajeros se mezclaban con el eco del silencio, interrumpido solo por los sollozos de quienes intentaban entender la magnitud de lo ocurrido.
Las investigaciones preliminares apuntan al exceso de velocidad y al cansancio del joven conductor, de tan solo 24 años, como las posibles causas de ese desastre, informó el director de la dirección policial, coronel Víctor Benavidez.
El chofer fue detenido mientras que el relevo del conductor habría huído y su paradero es desconocido.
El impacto contra el pretil de seguridad fue solo el inicio de una serie de eventos que truncaron vidas. Entre las víctimas figuran 14 mujeres, tres hombres, una niña y un niño.
Las personas fallecidas fueron identificadas como Brenthh mamani, de 27 años, edith Callapa, de 46, Erica Chambilla Chino, de 43, Erick Beltrán Chambilla, de 7, María Vallejos, de 58, Julián Choque Quispe, de 13, Bethy Pacajes, María del Carmen Quispe y Laura Choque. Las demás no fueron identificadas. Algunos pasajeros fueron lanzados al vacío, mientras otros quedaron atrapados entre los fierros retorcidos y asientos destrozados. Personas solidarias que transitaban por la zona auxiliaron llevándo a los heridos a los hospitales de Uyuni. Sin embargo, para muchos ya era demasiado tarde. Policías y rescatistas trabajaron incansablemente durante horas, enfrentándose no solo a los desafíos físicos, sino también al desgarrador peso emocional de la tarea.
