Luto en la Policía. La oscuridad de la mina Andacaba se tiñó de sangre, cuando un acto de heroísmo terminó en la pérdida irreparable de un valiente bombero. Lo que empezó como un operativo de rescate, concluyó con el desgarrador sacrificio del sargento segundo Moisés Cayo Ibarra, quien dio su vida para salvar a un trabajador atrapado a más de 200 metros de profundidad.
Todo comenzó cuando el encargado de la mina llegó desesperado a la Dirección Departamental de Bomberos “Caracoles” en Potosí. Su voz temblaba al relatar que un minero había caído tras inhalar gases tóxicos. Sin dudarlo, el equipo de rescate se movilizó hacia el lugar con los vehículos. Al llegar a la mina, el equipo descendió al corazón de la tierra. Metro a metro, el aire se volvía más pesado y la oscuridad más densa. Tras un descenso agónico por tres niveles de galerías —80, 90 y finalmente 40 metros de profundidad—, lograron encontrar al minero Pedro Campos, de 30 años, aferrándose a la vida.
Con esfuerzo sobrehumano y sin pensar en el peligro que los acechaba, el suboficial Cayo Ibarra logró rescatar al hombre herido. Pedro fue evacuado con vida, con un diagnóstico médico de fractura en la base del cráneo. Pero el horror no había terminado.
Mientras los rescatistas se retiraban, un anclaje de seguridad —una simple "bota" de goma usada para extraer minerales— falló en el momento más crítico. El bombero perdió el equilibrio y cayó al vacío desde una altura de 40 metros.
El silencio que siguió a su caída fue roto por gritos de angustia. Sin embargo, su valentía no fue en vano: logró salvar al minero antes de caer al abismo. Sus compañeros, sin poder contener las lágrimas, volvieron al interior de la mina para buscarlo, pero ya era demasiado tarde. En el fondo de aquella oscura galería de la mina Andacaba, Moisés yacía sin vida.
