“Por el momento no hay nada”. Esa es la respuesta del presidente de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol), Eugenio Mendoza, respecto a la posibilidad de trasladar las operaciones que son desarrolladas ininterrumpidamente en el Cerro Rico de Potosí, por debajo de la cota 4.400.
La legendaria montaña está en un proceso de franco deterioro. Los hundimientos pueden advertirse periódicamente, cuando columnas de polvo se elevan de la cúspide. En los últimos días, las columnas son menos frecuentes, pero eso se debe a las lluvias, que asientan el polvo.
Pero el denominado Comité Cívico Nacional de Residentes Potosinos ha encontrado otra manera de verificar los hundimientos: mediante imágenes satelitales. De esa manera se presentó un video en el que se muestra no 14 hundimientos, que es la versión oficial de la Comibol, sino 113 de los que 81 están por encima de la cota 4.400; es decir, en la parte superior.
Hasta ahora, ni el Ministerio de Minería ni la Comibol han hecho nada efectivo para frenar los hundimientos. Las reuniones y conformación de comisiones, que incluso trabajaron con paréntesis, han sido la única acción visible. Mendoza dijo que una de las comisiones, en la que se encuentra la universidad Tomás Frías, se está encargando de estudiar el problema de la morfología con el fin de encontrar soluciones a los hundimientos mediante rellenos. Una segunda comisión se encarga de buscar nuevas áreas de trabajo para que las cooperativas se trasladen a estas, en un proceso que es denominado “migración”.
Pero la migración ha sido pensada solo para ejecutarse en la cúspide del cerro, de la cota 4.400 hacia arriba, en la que se ha admitido la existencia de unas 20 operaciones mineras.
“Por el momento no hay nada”, dice Mendoza al respecto y, por el contrario, la migración ni siquiera representa un traslado de las operaciones que se ejecutan en la cumbre hacia otros yacimientos, sino al mismo cerro, a los niveles inferiores, por debajo de la cota 4.000. “El ministerio (de minería) tiene un plan —dice—: desarrollar un recorte de 5.500 metros aproximadamente que llegue al nivel -17 y habilitar en esa zona inferior planes y programas de trabajo para que todas las cooperativas migren a esa zona”.
Que las cooperativas permanezcan por debajo de la cota 4.400, y la Comibol siga firmando contratos para ello, mantiene el riesgo para el Cerro Rico porque no se habla de cambiar la forma de trabajo por una que garantice su estabilidad y hay reportes que señalan que los mineros pueden llegar hasta la parte superior por vía subterránea.
Por la conducta que ha observado en el gobierno de Luis Arce, a la Comibol le preocupa más lo que vaya a pasar con las cooperativas, cuando la presión para que dejen la cúspide sea mayor, o la justicia falle en ese sentido, dado que hay una Acción Popular en curso. Por ello, se preocupa por buscarles áreas de trabajo sin tomar en cuenta que muchas cooperativas ya tienen contratos en diferentes lugares del Departamento de Potosí.
Según dijo Mendoza, incluso la migración desde la cúspide hacia los niveles por debajo de la cota 4.400 se ejecutaría “en dos o tres años, siempre y cuando las cooperativas estén llanas” a hacerlo.
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