A medida que el ruido de las calles se silenció con la aplicación progresiva de las restricciones, hasta la cuarentena, en las calles, vacías de gente, cientos de cuadrúpedos toman las vías públicas.
Muchos de ellos, perros abandonados por quienes alguna vez fueron sus dueños, deambulan sin un rumbo fijo.
Cuando la vida era “normal”, ellos divagaban por calles en busca de comida. Se los veía cerca de las pensiones, restaurantes o puestos de comida rápida en las calles, esperando algún pedazo de alimento para saciar su hambre.
Hoy, eso ha cambiado, con restaurantes cerrados, y gran parte de sus antiguos lugares sin presencia de gente, ellos ya no encuentran nada.
Muchos acuden a las esquinas donde se acumula basura, y desparraman las bolsas de residuos en busca de alimento.
Durante el día, los perros abandonados caminan por las calles, ajenos a que los humanos redujeron sus salidas y su actividad ante la amenaza de un virus que se ha cobrado vidas.
Las jaurías de perros están en diferentes zonas. Grupos de tres, cinco siete, hasta más de una decena de perros vagan por las calles.
En la noche, sin ruido humano causado por transeúntes o vehículos motorizados, el ruido animal se apodera de la ciudad. Con tanto silencio urbano, es fácil escuchar los ladridos de los perros, que parecen cercanos, pero, en realidad, están lejos del que escucha.
Ladridos, gruñidos y peleas se oyen a lo lejos, de animales que alguna vez tuvieron hogar, y que ahora no tienen nada, tan solo su vida que tratan de conservar por un tiempo finito.
En estos días, no solo los animales sin casa están en las calles.
En muchas zonas, los perros de todas las razas y tamaños están en las aceras, muchos no salen seguido y, por ello, ladran a los transeúntes.
Perros con pedigrí y visitas al veterinario, animales que tienen familias están en las calles por varias horas a modo de paseo, sin que sus tutores se responsabilicen de ellos y sus acciones. En muchos casos, los animales con familia salen muy temprano, llamados por sus necesidades biológicas de las que sus humanos no se hacen cargo.
Muchos canes de este tipo están acostumbrados a salir, dicen sus cuidadores, pero esto supone un riesgo para las personas o para los mismos animales.
EFECTOS
En Potosí, antes de la cuarentena por el coronavirus, de acuerdo con los datos sanitarios, cada día se atendía un promedio de tres casos de mordeduras de canes a personas.
En muchos casos, los animales no estaban vacunados y la persona agredida requería vacunas contra la rabia. Si los perros tenían un tutor, este rehuía aceptar las consecuencias de dejar al animal en la calle.
Por ello es que los promedios se mantienen, con cerca de tres perros que muerden a personas en las calles.
Por otra parte, en la ciudad es rara la calle que no tiene desechos animales desparramados en cada cuadra. Muchas enfermedades parasitarias, comunes en los perros, se transmiten mediante el contacto con las heces, que es por donde el animal expulsa gusanos y huevecillos de estas enfermedades parasitarias. Es así que tanto los animales de la calle como los “de casa” se exponen a adquirir estas enfermedades al tener contacto con estos materiales.
Además, la rabia canina es una de las enfermedades más recurrentes a las que se exponen a contraer tanto los animales que sobreviven en las calles como los perros que tienen un hogar, pero que salen a las calles.
En oportunidades anteriores, los responsables del área informaron a este medio sobre la importancia de aplicar la ley 700 y velar por la tenencia responsable de animales, en este caso perros.
DATOS
De acuerdo con los datos proporcionados en gestiones pasadas, producto de las campañas de vacunación contra la rabia, el personal sanitario ha encontrado hasta más de una decena de perros que estaban al cuidado de una familia. Muchos de los animales, no siempre viven dentro de la casa y en su mayoría viven en la calle.
La gestión pasada, durante la campaña de vacunación contra la rabia en el municipio de Potosí, las brigadas de vacunación que visitaron los domicilios encontraron que, en algunos casos, hay familias que tienen más de 20 perros viviendo dentro de la casa y ese hecho fue notificado al Centro Municipal de Zoonosis.
El responsable de la red municipal de salud del Servicio Departamental de Salud (Sedes), Omar Fuertes, informó el año pasado que en varios casos encontraron a familias con más de una decena de perros. “Estas mascotas, por la cantidad que están en un domicilio, lamentablemente no pueden garantizar la higiene, salud y alimentación de las mascotas. Se ha encontrado animales con desnutrición”, dijo Fuertes.
En este caso, los animales no estaban en la calle, sino dentro de la casa.
Sin embargo, en otros casos se halló que hay familias hasta con 18 perros.
“En ocasiones anteriores, hemos encontrado hasta 24 perros en un solo domicilio. Imagínense... esos animalitos no tienen las condiciones que debería brindárseles como un ser vivo”, lamentó.
Dijo que con estos datos les urge incidir en la coordinación y evitar que este tipo de casos se repitan para que la crianza de animalitos sea responsable.
NORMATIVA
La Ley N° 700, para la defensa de los animales contra actos de crueldad y maltrato, establece que las personas deben evitar abandonarlos y velar por el cuidado de los animales.
La ley 700 establece en su Artículo 5. (OBLIGACIONES DE LAS PERSONAS).
I. Las personas tienen las siguientes obligaciones:
a. Evitar causarles o permitir sufrimientos innecesarios.
b. Abstenerse de realizar procedimientos quirúrgicos innecesarios.
c. Educar a las nuevas generaciones sobre la importancia del respeto a los animales y promover su defensa.
d. Denunciar ante las autoridades competentes, los actos de maltrato y crueldad que contravengan el ordenamiento jurídico relacionado con la protección de los animales.
e. Denunciar los casos de sospechas de zoonosis y otras enfermedades propias de los animales, ante las autoridades competentes.
f. Otras establecidas por Ley o reglamento. II. Los dueños o encargados de los animales, tienen las siguientes obligaciones:
a. Asumir la responsabilidad emergente de la custodia y tenencia de un animal y de los daños a terceros que el animal pudiera ocasionar.
b. Controlar su ciclo reproductivo y darle cuidado médico veterinario profesional, adecuado y oportuno.
c. Velar por su alimentación y abrigo necesario.
d. Evitar la cría de un número mayor de animales que el que pueda ser bien mantenido, sin ocasionar molestias a terceros, ni poner en peligro la salud pública.
e. No abandonarlos.
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