Un último gol, homenajes dentro y fuera del campo y ovaciones que hicieron retumbar el Monumental acompañaron anoche la despedida de Lionel Messi de la selección argentina, frente a Benín y ante más de 85 mil personas que convirtieron el cierre de sus más de dos décadas con la Albiceleste en una celebración cargada de emoción.
El estadio llevaba más de dos horas lleno cuando Messi apareció sobre el césped para calentar y el público que abarrotaba las gradas se levantó para recibirlo con una de las mayores ovaciones de una noche concebida, desde mucho antes del comienzo del partido, como una dolorosa despedida.
Habían pasado por el escenario Damas Gratis y otras bandas argentinas que tocaron “Muchachos”, “Vamos, vamos, selección” y otros himnos de la Albiceleste; y las tribunas habían saltado una y otra vez al grito de “el que no salta es un inglés”.
En el campo lo esperaban mensajes de agradecimiento: “Gracias por hacernos felices” y una camiseta gigante con el número 10 en la espalda y una sola palabra en el lugar reservado para el nombre: “Gracias”.
Messi ya había llorado antes de pisar el césped. Lo hizo dentro del autobús que trasladó al equipo hasta el Monumental, mientras atravesaba la multitud de aficionados que aguardaba la llegada de la selección y coreaba su nombre.
En las tribunas estaban la esposa y los hijos de Messi, además de su madre, así como Sergio “Kun” Agüero y varios futbolistas campeones del mundo con la celeste y blanca en 1978, 1986 y 2022.
El himno fue cantado por Fabio Santana, excombatiente argentino en la guerra de 1982 por las Malvinas, que tuvo a su lado la polémica pancarta reivindicatoria de la soberanía sobre las islas exhibida por los futbolistas de la Albiceleste tras el triunfo ante Inglaterra en las semifinales del último Mundial.
Messi mantuvo la mirada fija al frente durante casi toda la interpretación, pero al apagarse los últimos acordes, volvió a quebrarse y se secó las lágrimas antes de saludar a sus rivales.
El capitán de Benín se acercó entonces para entregarle una estatuilla y una carta del plantel africano.
Los homenajes continuaron incluso con el partido ya en marcha. Al cumplirse el minuto 10, el árbitro detuvo el juego y todo el Monumental se puso de pie para ovacionar al hombre que convirtió en propio el 10 que antes había inmortalizado Diego Maradona. Hubo fuegos de artificio y un solo grito repetido desde las gradas: “Messi, Messi, Messi”.
