Los protagonistas de la final del Mundial de Rusia rechazaron pisar ayer el escenario del partido. Franceses y croatas divisaron el imponente estadio moscovita de Luzhniki a lo lejos, desde los campos número 8 y número 10 del complejo deportivo. Ahí entrenaron por última vez antes del envite.
Los galos, en un clima de sosegada espera, se exigen no repetir los errores que hace dos años les negaron el título continental.
En el lado de los Vatreni, por su parte, impera la confianza y la relajación. Saben que la presión está en el bando rival, ya que a ellos nadie los aguardaba en Moscú el día 15 de julio.
"Si ganamos el trofeo, nadie va a estar más orgullosos que nosotros. Y si perdemos, felicitaremos a nuestros rivales. Estamos aquí para disfrutar de esta final", comentó el DT croata, Zlatko Dalic.
"Ganemos o perdamos, pasará algo grande en Croacia", apuntó.
