Brasil, uno de los grandes favoritos al título, se atascó ayer en su debut mundialista ante Suiza (1-1), que puso de manifiesto todas las carencias de la Canarinha y de Neymar, que estuvo desaparecido en combate.
La pentacampeona no aprendió de los errores de España y tropezó en la misma piedra que La Roja hace ocho años en el Mundial de Sudáfrica y, lo que es peor, dejó muchas dudas con un juego previsible.
Un distraído Neymar recibía demasiado lejos de la portería y cada vez que tocaba el balón se le echaban encima dos jugadores de la escuadra helvética.
Entonces, apareció Coutinho y deshizo el entuerto con un golazo marca de la casa, de los que ha hecho a decenas allá por donde ha pasado, incluido el Barcelona.
Recibió el balón en el borde del área, armó la pierna derecha con una velocidad inusitada y colocó el balón en toda la escuadra izquierda defendida por Sommer, que aunque sabía adonde iba la pelota fue incapaz de alcanzarla (min.20)
