Una Copa Libertadores, un Mundial de Clubes y un Campeonato Brasileño, además de carisma y entrega, han sido suficientes para que el defensa uruguayo Diego Lugano se convirtiera en un “Dios” en el Sao Paulo, club con el que disputó ayer su último partido sin haber decidido cuál será su próximo paso.
El defensa, de 37 años, fue titular del equipo paulista ayer domingo, en la última jornada del Campeonato Brasileño, después de cinco meses sin jugar un partido y se entregó como aquel joven que en 2003 vistió por primera vez la camiseta del Sao Paulo.
Los hinchas de Sao Paulo volvieron a demostrar el domingo su idolatría por Lugano, una especie de deidad para los paulistas que cierra ahora un capítulo de su carrera en el club.
