El COI tomará mañana, martes, una de las decisiones más difíciles de su historia reciente, con ramificaciones políticas, legales y éticas que trascienden lo deportivo: la participación o no de Rusia en los Juegos Olímpicos de invierno de Pyeong Chang (Corea del Sur), en febrero de 2018.
Decida lo que decida, a la Ejecutiva del Comité Olímpico Internacional (COI), que se reunirá en Lausana (Suiza) los días 5 y 6, se le echarán encima unos u otros de los numerosos actores que se han tomado el asunto ruso como algo personal.
Las pruebas recabadas por la Agencia Mundial Antidopaje (AMA), el propio COI y distintas investigaciones periodísticas respecto a la existencia durante largos años de una trama organizada de dopaje en Rusia son un argumento que manejan con contundencia los partidarios del veto a Rusia.
Veintiséis deportistas de esa nacionalidad han sido descalificados de los Juegos de Sochi 2014 tras quedar acreditado que, a propuesta de las autoridades deportivas, crearon un banco de orina limpia para dar el cambiazo cuando fueran sometidos a control antidopaje. Pese a que ninguno de ellos dio positivo.
