Con miles de cosas en la cabeza, con sus dos celulares que no dejan de sonar y un sinnúmero de personas que entran y salen por la inmensa y bien trabajada puerta de madera que conecta el exterior con la enorme vivienda pintada toda de blanco, Grover Vargas, presidente de Wilstermann, confiesa cómo vive estas horas previas al partido de este domingo frente a Petrolero que puede darle su sexta corona de campeón liguero.
Desde hace seis meses que no puede salir a la calle, por el arresto domiciliario que pesa en su contra a raíz de un proceso penal, que si bien le preocupa, no le ha impedido recomponer al equipo de sus amores, conformar un grupo de dirigentes y jugadores comprometidos con la institución y cumplir sus objetivos, cuyo final está por concretarse con el título.
Al ser consultado sobre cómo ha logrado ser presidente de un club que está a punto de ser campeón dirigiendo todo desde su casa, él confiesa que se ha sabido adaptar y sobrellevar la situación, aunque para ello, considera clave el apoyo de su entorno, a quienes considera su familia.
