Un día como hoy, 11 de diciembre, pero de 1987, la ciudad de Potosí era inscrita en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco. Por lo menos este domingo, no hubo ningún acto conmemorativo y tampoco parece coherente celebrar la fecha cuando la condición de patrimonio está en riesgo desde 2014.
Figurar en la lista del Patrimonio Mundial no solo confiere prestigio, y ayuda extraordinariamente a la promoción internacional del sitio, sino que permite acceder a créditos para proyectos de restauración y rehabilitación. Al contrario, cuando un sitio sale de esa lista, el efecto es inverso: se considera que el Estado no hizo lo necesario para preservarlo, así que deja de ser sujeto de crédito. Su prestigio también cae, lo que le resta posibilidad de atraer visitantes.
En su sesión realizada en Hoda, Qatar, el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco decidió incluir a Potosí en la oprobiosa lista del Patrimonio Mundial en Peligro. Se trata de la antesala para salir de la lista del patrimonio mundial. La razón para ello fue la evidencia de que el Cerro Rico de Potosí está en proceso de deterioro. Ocho años después de esa decisión, el Estado boliviano, representando por sus autoridades del nivel central, no ha hecho nada para evitar que el daño avances. Por el contrario, se sigue permitiendo operaciones ilegales en el área prohibida; es ecir, de la cota 4.400 hacia arriba.
El Cerro Rico empeora cada día y los hundimiento ya sobrepasan la centena. La Corporación Minera de Bolivia se ha limitado a organizar un comité interinstitucional que avanza con la lentitud de la burocracia boliviana. Muchas de sus reuniones se suspenden mientras que el daño avanza.
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