El 26 de abril de 1815, las tropas realistas encabezadas por el general Joaquín de la Pezuela iniciaban su marcha desde Potosí, luego de haber sido hostigados por los guerrilleros indios de José Ignacio Zárate.
Fue una partida histórica, registrada en la correspondencia de los jefes militares y guerrilleros en la época, y en los anales anónimos de Potosí, porque el vencedor de Belgrano, Pezuela, tuvo que retroceder como resultado de la presión ejercitada por los indios que estaban asolando la Villa Imperial desde el 1 del mismo mes.
1815 fue un año clave desde su inicio. El 21 de enero, Miguel Betanzos caía abatido por dos individuos en un encuentro contra las tropas del comandante Rolando, subalterno de Pezuela. Su cabeza fue exhibida en una pica, en Potosí, y, según los anales, el 1 de febrero cayó al suelo y, por ello, fue arrojaba al muladar de San Roque.
Pero la muerte de Betanzos no dejó a la guerrilla sin líder porque su hijo toma su lugar. En la zona, además, informa Norberto Torres, operaban Vizente Camargo y José Ignacio Zárate. Los indios comandados por este último son los que se aproximan a Potosí, al comenzar abril de aquel año. Vicent Nicolas revela que Pezuela sabía de la cantidad de fuerzas a las que se enfrentaba: “las fuerzas rebeldes alcanzaban a 160 fusileros, 50 de caballería y unos 2.000 indios”, pero esa cantidad subió porque muchos mitayos lograron escapar y reforzaron esas tropas.
Con Camargo apostado en Tarapaya, y tras fallidos intentos de repeler a los indios, Pezuela optó por la retirada con rumbo a Challapata.
La partida se produjo un día como hoy, 26 de abril, pero de 1815. Junto al comandante realista se fue, también, el gobernador de entonces, Felipe Lizarazu, conde de la Casa Real de Moneda.
Pero no se fueron con las manos vacías.
Repitiendo la actuación de Belgrano en su retirada, se llevaron todo lo que pudieron cargar de la Casa de Moneda, lo que incluyó, obviamente, barras y monedas de plata en cantidad que nunca se determinó.
Los anales refieren, reiterativamente, que la cantidad de mulas cargando cajas era tal que era imposible circular desde la plaza hasta por lo menos el ingenio Lahuacaya:
“…desde la esquina de las Reales Cajas (actual Alcaldía), con tanta estrechez que las cargas al bajar tropezaban con la gente; las escoltas que pretendían esperar, fue un imposible y todo inútil; en las esquinas y cementerio de Santo Domingo por donde fue el tránsito, se cargaron en tanta multitud que los pelotones que hacían en ellas, pasaban de duplos centenares: desde dicho ingenio de Laguacayo, hasta Cantumarca, ya no estrechos, sino muy prolongado”.
Como ya no había cajas para cargarlas, las herramientas de acuñación fueron “sepultadas en lo más profundo y secreto de la misma Casa de Moneda”.
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