Como ocurre desde el siglo XVI, cuando comenzó a ser venerada en Potosí, la Virgen del Rosario venció todo obstáculo y volvió a salir a las calles de la Villa Imperial, esta vez bloqueadas por una huelga general indefinida.
Pero, a lo largo de su trayecto, no ocurrió nada. “Creo que la gente tiene conciencia y por eso no interfiere con las manifestaciones religiosas. Más nos preocupó la lluvia, que comenzó a caer de pronto pero, cuando estábamos a punto de salir (del templo) con la Virgen, se despejó y tuvimos cielo despejado. Creo que eso es, de alguna manera, una señal”, dijo el superior del convento de Santo Domingo, Henry Tapia.
Y es que Nuestra Señora del Santísimo Rosario no encontró bloqueo alguno a su paso. Más molestos fueron los cables que afean el paisaje aéreo de la ciudad patrimonial pero los devotos ya están acostumbrados a ellos y usan horquetas para levantarlos a fin de que pase la imagen.
