Con la tradicional fórmula de “chambergos para los negros, sopaipillas para las imillas y tawa tawas para las guaguas”, los potosinos disfrutan desde ayer su repostería característica del Corpus Christi, una tradición que, como casi todo en la Villa Imperial, tiene su origen en el periodo virreinal.
Las masitas, que el desaparecido historiador Walter Zavala insistía en llamar gollerías, parecen estar vinculadas a la interpretación que el Concilio de Trento (1545-1563) hizo de la hostia como representación del cuerpo de Cristo. Allí se dijo que la hostia se convierte en “trigo que nutre nuestras almas” y por eso se la come en la Eucaristía, como un anticipo del que se comerá en la eternidad. “El Pan mismo de los ángeles, que ahora comemos bajo los sagrados velos, lo conmemoraremos después en el Cielo ya sin velos”, se proclamó en el referido Concilio.
Con esa interpretación, los potosinos del tiempo virreinal, especialmente los que vivieron en la Villa Imperial en el siglo XVI, no se limitaron a la hostia y al pan sino que incluyeron otros preparados de trigo en su menú que, según revelan los recetarios de la época, eran ricos y variados.
