La Berlinale recordó ayer el deber de todo periodista con la verdad, en una jornada a competición compartida entre dos directoras de voz poderosa, la polaca Agnieszka Holland y su joven colega macedonia Teona Strugar Mitevksa.
Un free-lance sin visado, en la Ucrania que el estalinismo mata de hambre, entre carretas de cadáveres helados y niños cadavéricos; o un premio Pulitzer entre orgías opiáceas en Moscú, negando lo que ocurre fuera de su hotel de lujo, en 1933: esas son las dos caras del periodismo mostradas por Holland en su "Mr Jones".
La directora polaca no ahorra pinturas negras, escenas de canibalismo -metafórico o literal- ni tampoco algún tópico, como la presencia de una única colega dispuesta a auxiliar al buscador de la verdad, Ada Brooks (Vanessa Kirby). Es un filme estructurado sobre personajes reales y diseñado para advertir, en estos tiempos de "fake news", que el buen periodista es el que encuentra el camino para explicar al mundo la verdad, por difícil que sea, y no el que se sujeta al dictado de sus intereses, de su medio o de la geopolítica.
