En los domicilios donde se desarrolló la festividad religiosa de Todos los Santos, ayer se cumplieron las actividades costumbristas del segundo día con la despedida de las almitas de los difuntos que visitaron a los dolientes.
Como es tradicional los familiares y amigos se reunieron para desatar la tumba y compartir las masitas, la comida y la bebida que fue colocada en el altar y que era del gusto del fallecido.
Las familias y amigos también compartieron el tradicional acto llamado q’araku y el jatun mank’a, un acto que significa alejarse del dolor de la pérdida de la persona querida y en el que se demuestra alegría. Se nombraron a los padrinos encargados de desatar o tapar la tumba, distribuir las masitas y bebidas entre los presentes para después elegir al personaje del cura que cumplió la tarea de bautizar a la t’antawawa.
Los más entusiastas compartieron el juego de sapo, la taba, la tokola y el cacho, formados en equipos y con los clásicos desafíos para saber quién es el mejor. También se cumplieron castigos a los perdedores con los golpes de una madera en las nalgas y el beber un vaso de chicha sin usar las manos.
