¿Es el poeta la expresión del sentir de su sociedad?, ¿es acaso el portavoz de su tiempo?, ¿el arte estará ligado a las formas de desarrollo social? La historia parecería confirmarlo, puesto que muchas expresiones artísticas lo demuestran: obras pictóricas que enaltecen el heroísmo en alguna batalla, esculturas que representan la gracia del César, odas a la grandeza de Alejandro Magno, de Julio César, etc.
Asimismo dentro del campo de la literatura, poemas épicos, epopeyas dedicadas a la revolución francesa, tienen ese carácter de expresar el sentir de su tiempo, acaso también dentro de este tipo de arte encajan la Marsellesa, o la Internacional Comunista como formas musicales que reflejan episodios revolucionarios.
Pero coexiste otro tipo de artista que a través de su creación propone un arte visionario, progresista, que tiende a liderar movimientos espirituales, sociales y culturales que transforma las sociedades de su tiempo. Este tipo de artista, profetiza, influye en los grupos sociales de su tiempo, no solo intuye las necesidades de su contexto social, sino que además sirve de guía para responder problemas de su tiempo.
Curiosamente movimientos artísticos determinantes para la evolución de la sociedad han estado en estrecho vínculo con ciudades. Esta calidad de artistas propiciaron por ejemplo el genio helénico, del cual toda la cultura occidental heredó su saber; propiamente en la ciudad de Atenas es denominado el “Siglo de Pericles” o periodo clásico del arte griego, en donde por oficios de su gobernante, se edifican las grandes construcciones de la Acrópolis ateniense, entre ellas, Propileos, el templo de la Niké Áptera, el Partenón, Erecteiyon, el teatro de Dionisos.
En la escultura las maravillosas obras de Fidias y Praxiteles, mientras que en los teatros en esa misma época se escuchaban las tragedias de Esquilo, Sófocles y Eurípides, también de Policleto, los pintores Zeuxis y Parrasio que inmortalizaran sus obras en templos que hasta hoy se pueden apreciar las graciosas comedias de Aristófanes, también Herodoto (el padre de la historia) que leía al público el relato de las guerras médicas. Según la historia de la cultura universal, este periodo clásico es el padre de todo el arte occidental. Y cuando las épocas posteriores tienen conocimiento de él proclaman su inigualable categoría superior”. Arquitectos, escultores, poetas filósofos y artistas confluían en Atenas convirtiéndola en un emporio del saber y del arte.
Al salir del oscurantismo de la edad media, hay otro fenómeno social cultural y artístico llamado Renacimiento, con un cambio de escenario pero con los mismos protagonistas, los artistas. Esta vez en Florencia, donde se vive una aventura de la ciencia, una sed de descubrimientos conducidos por todo aquello que tenía algo que ver en la creación artística, los objetivos del arte se hacen autónomos, el arte se independiza y se convierte en laico, como puede verse en Masaccio. Suele citarse a Perugino (1446-1524), quien jamás quiso creer en la inmortalidad del alma y a Leonardo (1452-1519), quien deseó recibir la instrucción de la fe católica apenas en su lecho de muerte. Es el momento del desarraigo del arte hacia la doctrina religiosa y de búsqueda de nuevos horizontes. El naturalismo, el realismo serán pues productos de esta búsqueda, artistas que encarnaban al ser humano de esa época como Botticelli, Dante, Alberti y el gran Leonardo, los cuales expresan un anhelo por la naturaleza desde Boccaccio hasta los poetas del siglo XVI que a partir de este momento se irá acentuando el denominado “arte por el arte”. Redescubriéndose el hombre asimismo en su sensualidad deja de anular su sensualidad esta debe expandirse; esta es la idea del nuevo artista, donde el arte es una magnificación de todo el ser humano.
Tal concepción del arte, típica de los hombres renacentistas, no es solo teórica, sino que las obras apoyan esa teoría. Nadie puede dudar hoy en día la marcada influencia renacentista para movimientos sociales, político religiosos posteriores como la ilustración, o la revolución francesa.
Un tercer momento en la historia en que co actúan la racionalidad y el arte, tal vez el momento más alto para el espíritu humano, tanto la filosofía como la creatividad artística en uno de sus momentos de mayor esplendor creando influjo y secuelas en la cultura y sentando bases para nuevas escuelas filosóficas así podemos ubicar en Alemania de fines del siglo XVIII y principios del siglo XIX.
