Indudablemente, la población de Potosí en momentos de su mayor esplendor, de 1545 al siglo XVII, se constituyó en un pueblo en donde el culto religioso formaba parte de la vida misma, por ello, es importante rememorar que la Villa Imperial llegó a contar con los siguientes conventos: San Francisco, Santo Domingo, La Merced, La Compañía de Jesús, San Agustín, Betlemitas o Belén, Jerusalén, San Juan de Dios, La Misericordia (desaparecida), Santa Teresa, Santa Mónica, Las Recogidas, también tenía una iglesia mayor denominada “Matriz”, que era la principal, hoy Catedral y luego de instaurada la “Mita” las parroquias de indios: San Martín, San Juan, San Cristóbal, San Pablo (desaparecida), Copacabana, Concepción, Santiago (desaparecida), San Pedro, San Benito, Santa Bárbara, San Sebastián, San Bernardo, San Lorenzo y San Roque, al margen de estos edificios religiosos se construyeron también, capillas, beaterios y ermitas, hoy desaparecidas, que estaban ubicadas en distintos lugares, y lamentablemente, sin ningún vestigio sobre su existencia, muchas de estas construcciones embellecen y forman parte del invalorable patrimonio arquitectónico religioso con el que cuenta esta hermosa ciudad.
Todas las fiestas religiosas que hasta hoy se celebran formaban parte de un apretado calendario anual de celebraciones, entre las más sobresalientes se encontraban la Navidad, la Semana Santa, Corpus Christie, y otras.
Al referirse a la Semana Santa, Bartolomé de Arzáns Orsúa y Vela realiza el año 1708 una minuciosa descripción de las actividades realizadas en ese año de la siguiente manera: “El Domingo de Ramos por la tarde se forman tres procesiones y salen todas a un tiempo por diferentes calles, una de la Compañía de Jesús otra de la parroquia de la Concepción y otra de la parroquia de San Roque del Ttio, acompañándola más de 5.000 indias con palmas en las manos. En la de la Compañía (fuera de otras imágenes) va el divino Señor en un jumento sobre unas andas con los apóstoles a sus lados, y lo mismo en la de la Concepción. En la de San Roque va la imagen del mismo Señor en una asnilla viva, que mueve a ternura”.
“La noche de este domingo sale otra devota procesión de la iglesia de San Agustín con los pasos de la pasión del Señor y por último Nuestra Señora de la Soledad, rematándose con el santo lígnum crucis en andas y hombros de sacerdotes clérigos. Acompañan esta procesión al presente más de 700 indios de entrambos sexos con cirios en las manos”.
Arzáns, continúa su empeñosa descripción de lo ocurrido en ese año los días lunes, martes y miércoles, señalando datos invalorables de la activa participación de las diferentes parroquias, cofradías, imágenes y personas participantes en estas celebraciones religiosas, se empeña en referirse a la cantidad de cirios y hachas (velas de grandes dimensiones) que los participantes llevaban para iluminar el camino y en particular para resaltar las imágenes para darle un espectáculo impresionante, digno de admiración, en aquel tiempo, en el cual participaba casi toda la población, de acuerdo a datos del cronista esta actividad duraba de 10 a 12 horas al día.
Continúa este apasionante relato señalando “El Jueves Santo sale de San Francisco una devota y dilatadísima procesión, porque de 15 parroquias viene de cada una el Santo Cristo, la santísima Virgen de la Soledad y San Juan, cada imagen con sus luces, de suerte que con las que salen de San Francisco, también de indios, alumbran ordinariamente más de 2.000 cirios de a dos libras cada uno. Síguense hasta 400 españoles vestidos unos a lo cortesano de golilla, y los otros de tafetán doble y fondo negro, sin capas, alumbrando a la sábana santa y estandarte del Santo Cristo de la Veracruz (que lo saca ordinariamente el otro alcalde ordinario) todos con hachas de a tres libras. Luego le siguen las Esclavas de Santo Cristo, de todas calidades, indias, mestizas y señoras, aparte cada gremio, en número todas de 400 al presente (que en otros tiempos solo de este sexo alumbraban más de 1.000); llevan cirios de a dos y tres libras. Tras de éstas van 80 y a veces 100 y más de los esclavos del Santo Cristo con túnicas y capirotes negros (aunque en estos tiempos por falta de túnicas no salen todos los esclavos) rodeando con hachas de a tres libras aquella admirable imagen del Santo Cristo de la Veracruz, en cuyas andas están otras 20 luces de cera verde, cuyos cabos los mismos sacerdotes clérigos que las cargan las toman por reliquia. Luego se siguen las dos sagradas comunidades de Santo Domingo y San Francisco con 80 velas de a libra, y detrás los dos beaterios de estas dos religiones con otros 60 alumbrando a San Juan. Últimamente alumbran a Nuestra Señora de la Soledad otro gran número de mujeres con cirios de a dos libras. Y como es procesión de sangre van muchísimas personas haciendo grandes y varias penitencias y los disciplinantes pasan en estos tiempos de 200, aunque en otros llegaba a 500”.
