El tradicional entierro del Pepino, un personaje picaresco que "revive" cada año para derrochar alegría, cerró, ayer en una mezcla de tristeza fingida y celebración, los festejos por el Carnaval en La Paz.
El acto comenzó con un minuto de silencio a causa de las explosiones ocurridas en pleno Carnaval días atrás en la ciudad boliviana de Oruro (oeste), que dejaron una docena de muertos y cerca de medio centenar de heridos.
Luego, personajes conocidos como "pepinos" se cargaron al hombro un féretro hecho de madera, pintado de colores, que encabezó el recorrido por las calles paceñas cercanas al cementerio de la ciudad.
Atrás iban las "viudas" del Pepino, cholitas, mujeres con indumentaria típica aimara llevando un manto negro.
