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San Eloy, patrono de plateros y numismáticos

29 Noviembre 2017Rubén Julio Ruiz Ortiz
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Cuadro flamenco del santo.

Cuadro flamenco del santo.

San Eloy nació en Chatelac o Chaptelat, cerca de Limoges, en el actual Departamento del Alto Vieno, en Francia, alrededor del año 590. A corta edad por afición ingresó como aprendiz en una orfebrería en Limoges, ciudad que entonces era un centro artístico donde se practicaba en especial el trabajo en metales, sobresaliendo inmediatamente por su honestidad y habilidad con sus manos.

Años más tarde, por influencia de su maestro Abbón se mudó a París, donde trabó amistad con Bobón, tesorero del rey Clotario II.

Se conoce que un hecho particular brindó a Eloy gran reconocimiento en la corte. El rey buscaba a alguien que le hiciera un trono, de acuerdo a un diseño propio, en que la riqueza compitiera con el arte; puso su confianza en Eloy y este se comprometió a realizarlo de acuerdo con lo encargado. Le dieron cierta cantidad de oro y piedras preciosas, material con el que fabricó la silla a satisfacción del rey. Sin embargo, unos dicen que con los materiales recibidos hizo dos tronos; otros que con el pago recibido por el primero hizo otro igual que entregó al monarca, diciendo que era del oro y pedrería que le había sobrado. De esa manera, con esa actitud de fidelidad y desprendimiento Eloy aseguró su futuro en la corte, asegurándose la confianza del rey. Por ese hecho, es considerado el patrono de plateros, joyeros y numismáticos.

En el campo religioso no sólo Clotario II sino también sus descendientes y sucesores Dagoberto I y Clodoveo II, le encomendaron importantes misiones y funciones. Clodoveo II a comienzos de la década de los 640 le encomendó como pastor del obispado de Noyon, en donde desarrolló su misión evangelizadora, hasta que fallece el 1 de diciembre de 659 o 660. Todos los años la comunidad católica lo recuerda en esa fecha.

Potosí emporio de la plata

De otro lado, luego de la posesión del Cerro Rico en 1545, la plata extraída de la montaña, se trasladaba a los ingenios que funcionaban con fuerza hidráulica en donde se molía el mineral que luego se amalgamaba o purificaba con mercurio. Posteriormente, la plata era transformada en barras de plata, en monedas en su reconocida Casa de Moneda y una determinada cantidad se destinaba para hacer los objetos más esplendorosos en este material, de tal manera que la relación de Potosí con San Eloy es muy estrecha por la inmensa producción de platería y por la acuñación de monedas en su ceca que duró varios siglos.

Por ello, es importante recordar que en Potosí se acuñaron monedas para España de 1574 a 1825, para las Provincias Unidas del Río de La Plata en 1813 y 1815, y para la República de Bolivia de 1825 a 1951, cerrándose en ese año el rico ciclo de acuñación de monedas que por tanto tiempo dieron renombre y prestigio a esta ceca, al Cero Rico y a la Villa Imperial nombre conocido en todo el mundo.

En cuanto a la platería y a la grandiosidad de los trabajos realizados en el periodo colonial, Bartolomé Arzáns de Orsúa y Vela, en su “Historia de la Villa Imperial de Potosí” relata “un altar de plata que levantaron los hijos de Loyola en la Plaza de la Cebada en junio de 1624 para celebrar la canonización de San Ignacio de Loyola. Cerca de éste se hallaba una figura sentada sobre un trono de plata que representaba a la ciudad de Potosí. En otra parte de la Plaza había un altar o arco forrado en plata realizado por los frailes de San Juan de Dios; una obra similar a la anterior se levantaba en la esquina de la iglesia de San Francisco. Al parecer todos los adornos realizados para esta magna fiesta fueron obra de dos artistas, uno alemán y otro flamenco.

Tratándose de una celebración de jesuitas, es muy probable que el artista flamenco haya sido el hermano Van der Bruggen, conocido también como Diego de la Puente, que trabajaba en el Virreinato desde 1616 y que se sabe hizo largos periplos por todo el territorio, llenando las casas e iglesias de los jesuitas con sus pinturas.

Asimismo, se afirma: “El uso de objetos de plata para decorar altares también estaba generalizado. En todas las iglesias, las catedrales y capillas conventuales más lujosas, a las parroquiales más modestas, el altar mayor estaba siempre profusamente decorado, casi siempre con piezas labradas de plata, importantes y costosos. En los archivos de Potosí se consigna la existencia de ángeles con vestidos y alas de plata, algunos de los cuales están hoy en colecciones particulares”.

Ya en el siglo XX, el historiador Mario Chacón Torres manifiesta “… la platería en Potosí, fue el más grande emporio argentífero del continente, adquiere singular interés, aquí se concentraron los orfebres más renombrados, abundando los talleres de trabajo y enseñanza desde el siglo XVI. Se labró en plata cuanto objeto era menester para el culto, como frontales, gradillas, urnas, nichos, tronos, tabernáculos, arcos, andas, lámparas, faroles, hacheros, blandones, candeleros, atriles, custodias, cruces, ciriales, crucifijos, cálices, copones, vinajeras, jarras, jarrones, acetres, incensarios, sacras, campanillas, relicarios, limosneros, diademas, coronas, reflejos, ramos de flores, figuras de adorno, símbolos e insignias de imágenes, etc. Lo mismo que objetos de uso doméstico, comprendiendo toda la vajilla, y otros como el enchapado de ensilladuras de bestias, disfraces y trajes de indígenas. De tanta producción aún algo queda en las iglesias y conventos, lo propio en algunas familias, que suelen exhibir, en altares y “arcos” durante las festividades religiosas … “.

El mismo, comenta “… más de trescientos maestros plateros vivieron en Potosí, durante la época colonial, abasteciendo no solamente el consumo local, sino atendiendo a otras ciudades del interior y del extranjero …”.

En Potosí, como en las demás ciudades del Virreinato peruano, los plateros estaban regidos por el sistema gremial. El aspirante a platero entraba de aprendiz en el taller de un maestro aprobado por el gremio. Una vez que probaba tener la habilidad y conocimientos exigidos se lo ascendía al rango de oficial. Después de varios años más de trabajo junto al maestro, se le permitía al aspirante tomar el examen administrado por el gremio. Si aprobaba, se convertía en maestro platero y podía poner taller propio.

San Eloy en Buenos Aires, Argentina

De acuerdo con un artículo de Carlos Alberto Graziadio, al referirse a la numismática señala: “En nuestro país, la Academia Argentina de Numismática y Medallística, realizó gestiones ante la Santa Sede y obtuvo en 1983, mediante un decreto de la Sagrada Congregación para los Sacramentos y el Culto Divino, la confirmación de la elección de San Eloy como patrono de los miembros de dicha entidad”.

Asimismo indica: “En los últimos cincuenta años de la época colonial Buenos Aires contó con un número importante de dichos artífices con relación al total de la población. Si bien la proporción entre la cantidad de plateros y la de habitantes experimentó, a través del período que nos ocupa, permanentes y comprensibles variaciones, la misma estuvo en torno del uno por mil”.

“A pesar de su número y control que sobre ellos ejercían las autoridades, los plateros instalados en la capital del Virreinato no llegaron a constituir un gremio oficialmente reconocido como tal en la metrópoli, sin perjuicio del cual formaron una organización a semejanza de un gremio propiamente dicho, una cofradía con capilla en el convento de Santa Catalina, de las Madres Dominicas, donde veneraban una imagen de San Eloy que ellos mismos habían financiado. No conocemos cuándo los plateros porteños adoptaron el patronazgo de San Eloy; lo cierto es que en un “cabildo de congregación” celebrado en 1769 se comprometieron a “dar y pagar cada uno para la citada fiesta al Glorioso Patrón San Eloy seis pesos y dos reales de limosna en cada año”. En la misma asamblea resolvieron festejar su fecha el último domingo de noviembre, por ser el feriado más próximo al 1° de diciembre, aniversario de su muerte y día de su santo”.

Retrato de San Eloy

Dentro del patrimonio de la Casa de Moneda, se cuenta con una pequeña lámina de metal con la figura de San Eloy que corresponde al estilo convencional. En la pintura se observa al santo en una habitación con la indumentaria de obispo, parado junto a una mesa cubierta con mantel rojo. Sobre ella hay un cáliz y herramientas de orfebrería.

Detrás de él aparece un ángel sosteniendo un medallón que dice OBISPO. A un costado hay una ventana por donde se observan árboles.

Como se puede apreciar no solo en Potosí, también en Buenos Aires y en otras partes del mundo, el 1 de diciembre se celebra como el día de San Eloy día de los Plateros, Numismáticos y Orfebres del mundo.

 

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