En 1825, Simón Bolívar llegó a Potosí, donde permaneció del 5 de octubre al 4 de noviembre en medio de una ardua agenda administrativa y social. Aquí recibió a la delegación argentina que le propuso que asumiera el protectorado de América tentándolo para que comandara la guerra contra el Brasil. Asistió a una misa solemne en el templo de La Merced, rodeado de su Estado Mayor, la misión argentina y la sociedad potosina, junto a la imagen de la Virgen de Nuestra Señora de las Mercedes. Bolívar legisló sobre minería, agricultura, educación y sentó las bases de la nueva República.
Al comenzar su carrera, tres lustros atrás, había prometido a sus llaneros en la selva del río Orinoco que “llevaría sus armas triunfantes hasta la cima del Gran Potosí”, afirmación que sus seguidores entendieron como una excesiva imaginación, y sus detractores como una fanfarronada imposible de lograr.
Por ello, el momento culminante de la permanencia de Simón Bolívar en Potosí ha sido sin lugar a dudas la ascensión al Cerro Rico (Sumaj Orcko), hecho ocurrido el 26 de octubre de 1825, en un tiempo en que el Libertador se encontraba en la cumbre de su carrera política y este acontecimiento es considerado el hito más importante de su trayectoria, porque por análisis de varios historiadores a partir de ese momento solo traiciones y desazones le esperaban a él y a sus colaboradores. Por eso esta ascensión a la montaña más conocida, prodigiosa y famosa de América, cuya riqueza argentífera tuvo la facultad de cambiar el curso de la historia de la humanidad con su aporte a la era preindustrial y la acumulación originaria de capitales en Europa, es y será de imborrable memoria para la historia de Potosí, de Bolivia y de este continente.
De acuerdo con O’Leary, Documentos, tomo XXIV, pág 14. Anales de Potosí, segunda parte indica que en el ascenso “… Bolívar, cabalgando en un fogoso corcel de batalla, salió de su recámara entre vítores que lo saludó con descargas y dianas militares, acompañado por un sequito numeroso y brillante de jineta, entre quienes se destacaban el Mariscal de Ayacucho, José Antonio de Sucre; el Prefecto del Departamento, General Guillermo Millar; el Gobernador de Porco, Dr. Leandro de Uzín; los miembros de la misión diplomática argentina General Carlos Alvear, Dr. José Miguel Díaz Vélez, Dr. Domingo Oros, Cnl. Domingo Borrego, Teniente Cirilo Díaz; el benemérito General José Miguel Lanza, distinguido héroe de la guerra de los quince años, el maestro del Libertador D. Simón Rodríguez Carreño, el notable Gral. José María Pérez de Urdininea, fundador del ejército nacional, autoridades del ejército, del Cabildo de Potosí, subalternos de la Casa Presidencial, seis soldados de caballería, doce de infantería y diez lanceros de la escolta presidencial”.
“Al llegar a la cima del Cerro Chico, le entregaron la llave de oro del Templo de la Victoria, expresamente construido para aquel acto al estilo griego. La distinguida Sra. Joaquina Costas, esposa del General Hilarión de la Quintana coronó al Libertador con una guirnalda de laurel de filigrana de oro tachonado de piedras preciosas. Y varias damas potosinas que representaban a los países por él libertados le entregaron guirnaldas de flores acompañadas por hermosas poesías, recibiendo del héroe palabras de gratitud y cariño vertidas con clara elocuencia y galanura como acostumbraba hacerlo. Tomando especial atención él a la Sra. Costas que sin que nadie se apercibiera, le puso en guardia contra un grupo de personas que planeaban su muerte”.
“Cerca de la cumbre la numerosa comitiva, dejaron sus cabalgaduras y continuaron a pie hasta la cima que se erguía a 4.986 metros sobre el nivel del mar”.
“Bolívar, fue el primero en llegar al coronamiento paseando su mirada por el amplio horizonte, sosteniendo en su diestra la bandera de su patria y contemplando a sus pies la imponente Villa Imperial de Carlos V”.
En una pausa del ascenso. Bolívar rememoró toda su carrera política y militar, se acordó de sus compañeros de armas y de las grandes batallas libradas por la libertad del Nuevo Mundo. Su evocación se convirtió en discurso: “Venimos venciendo, dijo, desde las costas del Atlántico y en quince años de una lucha de gigantes hemos derrotado el edificio de la tiranía, formado tranquilamente en tres siglos de usurpación y de violencia. Las míseras reliquias de este mundo estaban destinadas a la más degradante esclavitud. ¡Cuánto no debe ser nuestro gozo al ver tantos millones de hombres restituidos a sus derechos por nuestra perseverancia y nuestro esfuerzo! En cuanto a mí, de pie sobre esta mole de plata que se llama Potosí y cuyas venas riquísimas fueron trescientos años el erario de España yo estimo en nada esta opulencia, cuando la comparo con la gloria de haber traído victorioso el estandarte de la libertad, desde las playas ardientes del Orinoco para fijarlo aquí en el pico de esta montaña cuyo seno es el asombro y la envidia del universo”.
