Más de 70 años después del final de la Segunda Guerra Mundial y a 16 de la muerte de Ertl, recién se conoce de esta historia que mezcla secretos del Tercer Reich, personajes emblemáticos de la Guerra Fría y las culturas indígenas precolombinas.
Fue el coleccionista Tobias Wagnerberger, nieto de Hans Ertl, quien las descubrió después de años de empolvarse en la oscuridad de un depósito.
Hace unas semanas, se puso en contacto con la embajada boliviana en Berlín para avisar del sorpresivo hallazgo.
Todo comenzó cuando el abuelo de Wagnerberger salió de Alemania después del fin de la guerra para establecerse en Bolivia. En esos años, entre 1953 y 2000, cuando murió, fue explorador, documentalista y granjero. Se asentó en una serranía de clima cálido en el departamento de Santa Cruz (este de Bolivia).
Fue durante ese tiempo, aunque todavía no se sabe a ciencia cierta cómo, que obtuvo esas piezas de al menos 1.000 años de antigüedad.
La noticia del descubrimiento fue celebrada por el presidente Evo Morales, quien anunció que iría a buscar las piezas arqueológicas en persona.
Olympia (1938) es considerada por algunos como una de las más emblemáticas piezas de campaña nazi, promocionada por Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler, y en la que trabajó Hans Ertl.
El audiovisual de dos partes trataba sobre los Juegos Olímpicos de 1936 celebrados en Berlín, en el apogeo del régimen. A pesar de la crítica por su vinculación al Tercer Reich, el documental fue aclamado a nivel mundial y siguió cosechando distinciones por su técnica.
