A la una menos diez, a la hora en la que el último periodista abandona la Redacción de El Deber, Pedro Rivero Mercado se despidió de este mundo, cerró la última página de su vida. “El periódico no lo voy a poder dejar, lo llevo en las venas, es parte de mi sangre”, decía cuando le preguntaban por su jubilación. Por eso, el hombre nacido el 19 de octubre de 1931, supo que a esta hora, cuando los periodistas apagan las luces para volver a casa, era el momento de marcharse.
Pedro Rivero Mercado solía llegar temprano a El Deber. Atravesaba la redacción a diario y saludaba con un sonoro y solemne “¡buenos días!” a quien encontraba a su paso. Luego desaparecía en una oficina espaciosa, llena de libros, pinturas y recuerdos. Recibía una visita por día, revisaba editoriales y pasaba el día tecleando sobre una computadora de pantalla grande, mientras su vieja máquina de escribir lo miraba celosa desde la chimenea. Eso lo tenía ocupado diez horas al día.
