“Soy de Marruecos”, comentó el conductor del taxi rumbo al aeropuerto. Como eran vísperas del Mundial de Fútbol, la pregunta fue inevitable: “¿por qué el fútbol marroquí es actualmente tan citado”? “Por el rey Mohamed”, respondió con indisimulado orgullo.
¿Mohammed VI? Para los que defendemos la libertad de expresión ese nombre no suena amigable. De él solamente conocía las denuncias sobre la situación de los Derechos Humanos en su país. Incluso hace una semana fue detenido en Tanger el columnista Alí Lmrabet, liberado poco después por la presión de periodistas europeos.
Recién tuve detalles de su popular política para favorecer el desarrollo del deporte a lo largo y ancho de su hermoso país, especialmente el fútbol. Los datos que comentó el taxista coinciden con notas de especialistas publicadas en estas jornadas de goles.
La práctica del fútbol está asociada con el desarrollo social, sobre todo en las regiones más deprimidas. Desde el inicio de su reinado en 1999 acompaña la búsqueda de talentos locales a través de la Academia Mohamed VI de Fútbol. Para el monarca alauí, el deporte es una estrategia de Estado para posicionar a su patria como una potencia continental con proyección internacional. Ordenó la modernización de estadios y centros deportivos accesibles para todos
Los responsables detectan niños y jóvenes con aptitudes para controlar la pelota, vivan en Casablanca o el interior. Su sistema es de formación top, tanto que nutre a clubes europeos que fortalecen después a la selección nacional y a los clubes africanos. Esa política se complementa con la organización de la Copa Africana de Naciones.
Los “Leones del Atlas” y la Federación de Fútbol recibirán con España y Portugal al mundial en 2030. Euronews destacó la inversión en infraestructuras, formación y organización de grandes eventos deportivos que han dado proyección al fútbol árabe para poder competir con las selecciones históricas.
Según escribió Said Atik, profesor de la Universidad de Marrakech, ese esfuerzo es una de las grandes historias del fútbol actual. Mohamed consiguió con ese impulso colocar a su gestión en escenarios diplomáticos.
La estrategia se complementa con la modernización de redes de transporte y carreteras, el aumento de la capacidad hotelera y el refuerzo al turismo, al comercio y ofertas para disfrutar los momentos de ocio. El rey hizo de la inversión en deporte una política integral y, obviamente, muy popular.
El proyecto “regionalización avanzada, basado en los principios de inteligencia territorial y la cooperación entre provincias” favoreció que las inversiones sean más equilibradas y la reducción de desigualdades en cuanto a servicios deportivos.
Rabat consiguió su meta de lograr con el deporte una posición internacional atracción de inversiones, aumento del empleo. Logró despertar confianza en otras áreas económicas, sociales y culturales y aprovechar su posición geográfica de puente entre Europa y África.
Otra enseñanza nace en la inversión privada. El periódico catalán La Vanguardia tituló antes de la final entre España y Argentina: “La Masia ya ha ganado el mundial” porque en cada equipo las estrellas fueron forjadas en esa cantera: Leo Messi, que llegó a sus nueve años, Lamine Yamal —cuya imagen es un portazo a todos los racistas— y otra docena de jóvenes campeones mundiales.
La viral fotografía entre el ídolo que baña a un bebé de un barrio marginal y que luego lo encuentra en la cancha más vista este domingo es un dato conmovedor.
Esa Masia que el club Barcelona fortaleció por décadas para formar grandes futbolistas y decorosos seres humanos, como se comprobó en cada partido de la Roja y mucho más frente a los iracundos. Una Roja que incluye a vascos, catalanes, castellanos o migrantes. Un equipo que recuerda a los mejores mundiales de la infancia.
Evo Morales ama el fútbol. Con su devoto Iván Canelas viajó al Mundial de Sudáfrica en 2010. También fue a Brasil 2014. Se inventó unos convenios para firmar en Moscú y de pasó asistir a la inauguración en el estadio Kuzhniki. El presidente cocalero pidió al todopoderoso Gianni Infantino, el suizo que se embolsilla seis millones de dólares cada año, que Bolivia sea sede de un mundial. Evo paseó con su equipo cuando le daba la gana y golpeaba al contrincante si así se le antojaba. La silenciada Contraloría debería auditar los gastos en esas ocasiones. ¿Por qué no fue con sus ahorros a México o a Nueva York?
El MAS no aportó para el desarrollo integral del deporte. Entregaban canchitas de pasto sintético que en vez de fortalecer capacidades las estorbaron. Luis Arce nombró en 2020 cómo viceministra de deportes a Celio Veiza Artega, una futbolista de 19 años, incapaz en tres años de mostrar un solo resultado positivo.
El actual gobierno, como en todo, tiene un Viceministerio tortuga sin hoja de ruta. Los funcionarios públicos relacionados con un equipo deportivo paceño gustan de viajar al estilo Evo. Bolivia no se fue, no se fue al mundial, cantará la Familia Valdivia. ¿Y en 2030 qué habrá cambiado?
