La escandalosa caída del exfiscal general Roger Mariaca y las pesquisas que interceptaron ambulancias y condominios con millonarias sumas de dinero en efectivo no fueron un hecho aislado. Fueron el desenlace de una gigantesca trama de protección institucional al narcotráfico internacional que la Policía de Brasil terminó de desnudar sobre el terreno en Santa Cruz de la Sierra.
Los pormenores inéditos de esta estructura de blindaje judicial y policial fueron revelados en las últimas horas por el delegado Fábio Pinheiro Lopes (‘Fábio Caipira’), jefe del Departamento de Operaciones Policiales Estratégicas (DOPE) de São Paulo, durante una extensa entrevista en el programa “True Crime” de la cadena brasileña SBT News.
Lopes comandó en persona una misión secreta de agentes encubiertos paulistas en la capital cruceña que logró la captura y expulsión de Roberto Prieto Filho (‘Betinho da Baixada’) y Márcio Barbosa da Silva (‘Beiço de Mula’), dos de las máximas cabezas del Primeiro Comando da Capital (PCC), en septiembre pasado. Sin embargo, el principal hallazgo de la misión no fue solo atrapar a los prófugos, sino comprobar de primera mano cómo el sistema del Ministerio Púbico boliviano operaba al servicio del crimen organizado.
FILTRACIÓN DE INFORMACIÓN
Por las revelaciones del jefe policial brasileño, la filtración de información no era una sospecha, sino una certeza operativa. El día de la captura de Betinho, la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (Felcn) tramitó, a las 10:00, los pedidos de allanamientos a su departamento, en el piso 13 de un edificio en Santa Cruz, y al de su seguridad privada, un piso más arriba.
Pero, dos horas después, se filtró la información y Betinho preparó su huida. Según la versión de Lopes, el mismo narco del PCC confesó a los jefes paulitas, al ser subido al avión de repatriación: “A mí me avisaron a las 11:00. Por eso ordené a mi gente que limpie el departamento, saquen las armas y se lleven los autos a un condominio secreto donde la Policía no entra”. A las 13:00, su camioneta salió del garaje del edificio, pero agentes encubiertos de la Felcn no sabían si él iba dentro o si era una maniobra de distracción.
El vehículo recorrió un par de cuadras, se detuvo frente a un restaurante cercano y dos hombres bajaron e ingresaron al fondo del local mientras el vehículo seguía dando vueltas a la manzana para despistar. Para verificar si uno de ellos era el prófugo, el policía brasileño envió a un investigador. Al no poder ver hasta el fondo, una agente femenina de la Felcn se hizo pasar por cliente, se sentó a almorzar, fotografió disimuladamente a los hombres y le envió la imagen al delegado Lopes, quien confirmó: “Es él”.
Como el juez había emitido una orden de allanamiento para el departamento que prohibía el ingreso por la fuerza, la Policía quedó atada de manos para derribar la puerta de su departamento. La única alternativa legal que le quedaba a la Felnc era esperar a que el delincuente saliera del restaurante a la vía pública. En cuanto Betinho pisó la calle, las unidades encubiertas de la Felcn lo abordaron y procedieron a su aprehensión en flagrancia.
“SANTUARIOS INEXPUGNABLES”
Durante reuniones reservadas de la comitiva de la Policía brasileña con los mandos de la Felcn, los propios efectivos bolivianos confesaron las ataduras y la complicidad del sistema.
