Tras 20 años de gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), uno de los temas más álgidos para el siguiente mandato presidencial es el narcotráfico. Aumentaron los cultivos de coca, hay presencia de organizaciones criminales extranjeras en el país y subió la violencia por ajustes de cuentas, especialmente en el último año.
El viceministro de Régimen Interior, Jhonny Aguilera, identificó al menos tres regiones donde se concentra la violencia: el trópico de Cochabamba, principal productora de la hoja de coca para un uso distinto al tradicional; el departamento de Beni y la ciudad de Santa Cruz de la Sierra.
Desde julio hubo al menos 15 asesinatos y secuestros a cargo de sicarios.
“Hay una guerra que se está librando por tomar el control de este santuario de la cocaína”, afirma Tomás Monasterio, exdiputado que estudia el tema. Sostiene que son grupos criminales que están en pugna por el control del transporte de la cocaína que entra de Perú y se envía a Brasil con destino a Europa.
El problema no nació en la gestión del presidente Luis Arce, pero se ha descontrolado. “Nació hace 20 años cuando Evo Morales asumió una posición absolutamente permisiva en función de la criminalidad”, añade.
“Brasileños que cometen delitos en su país ingresan hacia nuestro territorio nacional. Envían emisarios y de igual forma lo hacen desde Argentina, Chile y Paraguay”, declaró en agosto, a varios medios de comunicación, el viceministro de Defensa Social y Sustancias Controladas, Jaime Mamani, tras una seguidilla de estos crímenes.
CAPOS EN BOLIVIA
Hace poco, el viceministro de Régimen Interior, Jhonny Aguilera, afirmó que Santa Cruz se ha convertido en un “santuario” para los narcotraficantes. Entre 2024 y este 2025 se ha detectado la presencia de al menos tres capos muy buscados en el país.
En septiembre se conoció que Sérgio Luiz de Freitas, considerado líder del Primer Comando de la Capital (PCC), vivió por más de diez años en el país. Tuvo una vida pública y de lujos. Usó un certificado de matrimonio, con identidad falsa, para obtener la nacionalidad. Sigue prófugo y se cree que ya no está en Bolivia.
En mayo, Marcos Roberto de Almeida, alias Tuta, otro de los líderes del PCC, fue detenido también en Santa Cruz cuando pretendía obtener su documento de identidad.
El PCC, de Brasil, es una de las organizaciones criminales transnacionales más peligrosas de Sudamérica. Un informe del Ministerio Público de ese país señala que 146 de sus miembros están en territorio nacional.
No son los únicos casos; en Bolivia también vivió Sebastián Marset buscado por tráfico y por el asesinato de un exfiscal en Paraguay. Huyó del país producto de un operativo fallido. En una entrevista, dijo que funcionarios le ayudaron a huir e incluso se burló del entonces ministro de Gobierno, Eduardo Del Castillo.
Además se ha alertado sobre la presencia de mafias europeas.
La penetración en el Estado se refleja en que, en una década (2011-2022), cinco exjefes policiales y antinarcóticos fueron detenidos dentro y fuera de Bolivia por actividades ilícitas. Entre ellos: René Sanabria (preso durante nueve años en Estados Unidos por vínculos con redes de narcotráfico); Oscar Nina (detenido en Bolivia por enriquecimiento ilícito y nexos con el tráfico de drogas); Omar Rojas (detenido en Colombia y extraditado a EEUU); Maximiliano Dávila (preso en Bolivia y después extraditado a EEUU) y Gonzalo Medina, acusado de tener nexos con el narcotraficante Pedro Montenegro. Investigaciones de la DEA fueron determinantes.
También es muy diciente el caso de Felipe Cáceres, quien pasó de ser el ‘zar’ antidrogas a detenido por narcotráfico.
Cáceres, como Morales, era líder de los cocaleros del trópico. En el primer gobierno del MAS fue viceministro de Defensa Social. Lo detuvieron este 24 de septiembre en su propiedad de esa zona. Hallaron precursores químicos y una poza de maceración de cocaína, que tenía capacidad para producir más de 60 kilos de pasta base cada día.
