Un estudio del Instituto de Estudios Avanzados en Desarrollo (Inesad) revela que una eliminación abrupta del subsidio a los hidrocarburos provocaría un pico inflacionario superior al 32% y una depreciación acelerada del tipo de cambio. Sin embargo, el mismo análisis advierte que una reforma gradual, si bien moderaría levemente el impacto inicial, prolongaría la persistencia de la inflación y la devaluación, lo que a la larga incrementaría los costos acumulados para la economía del país.
La investigación, realizada por los economistas Javier Aliaga y Ronaldo Terrazas, simula dos escenarios y concluye que seguir retrasando una decisión solo empeoraría el problema.
Quitar el subsidio de golpe
Si la subvención se elimina de forma abrupta, el estudio proyecta un “shock” inmediato en los precios. La inflación alcanzaría un pico de 32,3% a los pocos meses de aplicada la medida. Esto se sentiría directamente en el bolsillo de la gente, no solo al cargar combustible, sino en el precio de los alimentos y el transporte.
Junto a la inflación, el estudio proyecta una fuerte devaluación del boliviano. Según la simulación, el tipo de cambio sombra –el valor real del dólar en la economía– saltaría de 9,1 bolivianos a un máximo de 16,8 bolivianos por dólar, lo que representa una depreciación acumulada del 84%. Este encarecimiento del dólar impactaría directamente en el costo de los productos importados.
Curiosamente, la economía podría tener un breve impulso inicial, porque la gente se apuraría a comprar y gastar antes de que todo suba más, pero este efecto desaparecería rápido y luego vendría una contracción.
Quitar el subsidio de a poco
En este caso, el golpe inicial de precios sería más suave. Sin embargo, el problema de la inflación se prolongaría por mucho más tiempo, y el tipo de cambio, aunque sin un salto tan brusco, también se mantendría en niveles elevados y por un período extendido, cercano a los 16,4 bolivianos por dólar. Al final, según el estudio, el costo total para el país y para la economía familiar terminaría siendo más alto que con el ajuste de golpe.
El informe explica que el subsidio funciona como un calmante que pierde su efecto con el tiempo. Al principio ayuda a contener los precios, pero mientras más se lo usa, más grande se vuelve el problema de fondo, obligando al Gobierno a gastar más y generando desequilibrios económicos.
¿Qué hubiera pasado si se actuaba en 2010?
El estudio simuló qué habría ocurrido si se mantenía el llamado “gasolinazo” fallido de 2010. La conclusión es que, aunque hubiera generado inflación en ese momento, se habría evitado la acumulación de los grandes problemas económicos que enfrenta Bolivia actualmente, como el alto déficit fiscal y la presión sobre el tipo de cambio.
Un camino intermedio
Ante esta disyuntiva, los investigadores no recomiendan ni el “shock” total ni el gradualismo prolongado. En su lugar, proponen un “esquema híbrido”: un primer ajuste fuerte y significativo para corregir de inmediato los problemas más urgentes de las finanzas públicas y, después, fases cortas y programadas para terminar de retirar el subsidio gradualmente, hasta que los precios reflejen su costo real.
Este plan, según el estudio, debe ir acompañado de otras medidas clave para que funcione: controlar la emisión de dinero, tener un plan fiscal claro para generar confianza y, fundamentalmente, crear programas para compensar y proteger a las familias más vulnerables del impacto de la subida de precios.
El doble golpe que se avecina: El fin del subsidio y la devaluación del boliviano
El economista Stasiek Czaplicki Cabezas, por su parte, advierte que para Bolivia el impacto de la eliminación del subsidio a los combustibles será un “doble golpe”: no solo subirá el precio del combustible, sino que se sumará el efecto de una inevitable devaluación del tipo de cambio.
