Sábado 17 de junio de 2023. Un día esperado por muchos para participar del festival que trae por primera vez a Sucre al grupo Ke Personajes. Las expectativas de la gente se hacen notar en el camino al Campo Ferial Lajastambo: una larga trancadera atrasa nuestra llegada.
El ingreso estaba previsto a las 17:00, nosotros llegamos a las 19:30 para encontrarnos con el desorden. No encontramos la señalética adecuada para saber por dónde hacer fila, ni mucho menos al personal del evento que nos pudiera dar indicaciones, además que la calle estaba llena de botellas, basura y líquidos en el piso. Preguntando a la concurrencia, finalmente llegamos a la que parecía ser la cola.
Ya son las 20:00 y nos disponemos a esperar que la fila avance hasta por fin llegar a la entrada. No tardamos en darnos cuenta de que no nos movemos ni nos moveremos porque aparentemente las puertas estaban cerradas.
Hasta las 22:00 no avanzamos casi nada. El ingreso no es visible por la distancia. Seguimos en la avenida que llega al Campo Ferial y la gente continúa llegando. Se cuela, puertea, grita, silba.
Entre todo este caos, llega un momento en el cual las filas se deshacen porque todos corren hacia la puerta. Luego supimos que habían separado la fila de hombres de la de mujeres, medida que seguramente estaba considerada desde el inicio, pero sin ser informados nadie la había tomado en cuenta. Llegamos frente al ingreso donde se forman las nuevas filas. Ahora podíamos ver directamente cómo personas forcejeaban con los guardias y las puertas permanecían cerradas.
En un intento de dispersar a la multitud, lanzan gas lacrimógeno: no tenemos la certeza de si fue la seguridad del evento o la Policía que ya había llegado. La medida es inútil: más allá de inmovilizar a algunos, aumenta la desesperación. En ese momento, nos apartamos definitivamente para ver la situación desde un lado. Pocos hicieron lo mismo.
A la espera de que alguien controle el caos, se nota cómo aumenta la violencia. Algunas personas comienzan a trepar por las vallas laterales del lugar, logrando entrar, y creemos que esto produce la mayor molestia en la gente. Los gritos se intensifican y comienzan a lanzar botellas, desde atrás. La seguridad intenta que entren en razón: se comunican a los gritos con quienes chocan directamente con la reja y reciben toda la fuerza que otros ejercen desde atrás.
En un pequeño lapso de razón, la seguridad abre ambas puertas de la reja, casi por completo. Al ver su oportunidad, la gente, que ya empuja con fuerza, la triplica. Intentan volver a cerrar cada una de las puertas, sin éxito, hasta ser desbordados.
A las 23:10, se escucha el crujido de la reja izquierda: queda un hueco por el que la avalancha encuentra el lugar para entrar apresuradamente, pero la presión hace que la reja derecha también ceda en dirección contraria y llegue al piso, desequilibrando más a la reja izquierda: la gente tiene que intentar sujetarla mientras es aplastada. El tumulto, sin esperar a que las rejas terminen de caer, entra con prisa, empujando, buscando un lugar: se escuchan gritos, llantos. Ya no existen tickets ni guardias.
Los que logran pasar ilesos, buscan desaparecer de la escena con miedo a las consecuencias; otros buscan a sus acompañantes; otros ayudan a pararse a los que cayeron. “¡No empujen, van a entrar, no hay puerta!”, es el grito que escuchamos de uno de los guardias. En tres minutos, la numerosa multitud se reduce a los heridos, a los que auxilian y a los curiosos.
Empiezan a revelarse las consecuencias del forcejeo y de la avalancha: chicas heridas, inconscientes, deben ser atendidas. Entre guardias y otra concurrencia, se puede ver cómo se friccionan extremidades: las heridas tienen la mirada perdida y respiran profundamente. Los paramédicos llegan en el momento y trasladan a los heridos de gravedad: al menos 10 mujeres en camillas, de las cuales 7 llegaron al hospital; una adolescente de 17 años, sin signos vitales.Dentro, desconocían la situación, y los que entramos al final, tuvimos que acomodarnos e intentar disfrutar del espectáculo luego de presenciar cómo había ganado el descontrol.
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