EN 1825
BOLIVIA nació a la vida independiente con una costa de 400 km. En 1879, Chile invadió y ocupó por la fuerza territorio boliviano (120 mil km2).
La frontera está que arde. Perú decide crear un distrito de tres hectáreas que Chile reclama como propio; Chile moviliza a sus tres fuerzas para el ejercicio bélico "Huracán 2015" a pocos kilómetros de allí; Bolivia busca apoyo en Europa y lo consigue, mientras Michelle Bachelet vuela hasta Asunción para ofrecerle un corredor bioceánico a Paraguay, sin pasar por Bolivia. De pronto todo parece un juego de guerra, algo absurdo, impensado, pero muy parecido a esos malos entendidos que han derivado en enfrentamientos bélicos, según publica El Deber.
Desde Bolivia, el ministro, Hugo Siles, ve la sombra de Pinochet en todo esto. Muerto el dictador chileno, su doctrina sobrevive.
Para Siles, experto en relaciones internacionales, pero titular de la cartera de Autonomías, Chile aplica la receta geopolítica de Pinochet, tratando de hacer alianzas entre Santiago y Asunción, Quito y Brasilia para anular a sus vecinos Bolivia, Perú y Argentina. Otros, como el excanciller Armando Loaiza, que perdió su cargo de embajador en el Vaticano luego de hablar de más con un periodista chileno, ve que los medios y el Gobierno se toman muy a pecho el ‘normal’ ejercicio militar chileno.
Una visión que comparte el historiador Sergio González, pero no el político e intelectual Esteban Valenzuela Van Treek, director de la maestría en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos de la Universidad Alberto Hurtado, que ve que esta es la hora de los duros en Bolivia, Chile y Perú, pero que pronto amanecerá.
Para el ministro, Chile hace ejercicios militares de carácter disuasivo contra Bolivia y Perú. Los ha ejecutado en una frontera que genera susceptibilidades y cuestiones históricas con sus vecinos (antiguamente era territorio peruano) e incentiva los ánimos nacionalistas.
En la antípoda de esta posición está Sergio González, historiador chileno. Observa que estos ejercicios son normales y que se realizan todos los años. Tampoco le preocupan las escaladas verbales, porque también se van volviendo cotidianas tanto del lado boliviano como del chileno.
