“La esperanza es lo último que se pierde, pero ya no tenemos muchas esperanzas”, dice a EFE Leonela Delgado, quien continúa buscando a su hijastro entre los escombros de un edificio desplomado en Playa Grande, un sector del estado costero de La Guaira en Venezuela, después de cuatro días de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 ocurridos el miércoles.
En la zona, una de las más afectadas por el doble terremoto que hasta ahora ha causado 1.450 fallecidos, los familiares de las víctimas fatales y heridos siguen trabajando junto a bomberos y algunas comisiones de rescate internacionales, aunque sin la presencia de gran maquinaria.
“Las personas que estaban con vida en el momento en que nosotros llegamos y los días siguientes ya no tenemos señales de ella. Igual, ojalá sí podamos recuperar a alguien todavía vivo, pero la verdad es que al pasar el tiempo la esperanza disminuye ¿no? también por la circunstancia en las que quedó la edificación”, añadió Delgado, de 38 años.
Su hijastro estaba con su mamá en el edificio Belo Horizonte de Playa Grande, del que quedaron solo unos cuatro de los 17 pisos en pie.
“Desde el día que llegamos había muchas personas que estaban vivas (...) y como pudimos tratamos de mover algunas cosas, mover escombros, pero bueno, no tuvimos éxito”, relata Delgado, convertida, por las circunstancias, en una rescatista más, aunque sin las herramientas ni el conocimiento adecuado.
El viernes, por ejemplo, sacó de los escombros a personas fallecidas que antes le habían pedido ayuda. “Estaban bajo losas muy pesadas y no teníamos ni las herramientas ni la maquinaria ni el equipo adecuado para poder sacar y mover a esas personas”, relató.
NINGÚN PLAN DE CONTINGENCIA
Delgado denunció, como muchas personas de esta comunidad ubicada justo frente al mar, que no han tenido ayuda, salvo la que ha llegado de civiles, pequeños equipos de bomberos, Protección Civil y grupos rescatistas de Italia y Ecuador.
