El papa León XIV ha proclamado este miércoles que «no se puede creer en Jesús y promover la guerra y matar inocentes» o «abandonar a quien huye», durante la homilía de la misa que se celebra en la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, en presencia de los reyes Felipe y Letizia.
«Queridos hermanos, no podemos creer en Jesús y promover la guerra», ha clamado el papa en la homilía de esta celebración, tras la que se bendecirá la Torre de Jesús, recién acabada y la más alta de la basílica que diseñó Antoni Gaudi.
Y ha continuado: «No podemos creer en Jesús y matar al inocente. No podemos creer en Jesús y abandonar a quien sufre, a quien llora, a quien huye de la miseria».
En el acto más emblemático de su visita a Barcelona, ha llamado a que «en esta noche recordemos que la cruz de Cristo que corona esta basílica, es la cruz de los últimos que se vuelven los primeros, de los pecadores que se vuelven santos, de los muertos que resucitarán».
Al admirar la torre de Jesucristo, ha añadido el pontífice -que como en toda su visita fue alternando catalán y español- «alzamos la mirada hacia él, hacia aquel que sólo nos revela la verdad de Dios y la verdad de nosotros mismos».
Un estandarte de caridad
Y sobre esta torre coronada con una gran cruz de piedra que se observa desde todos los rincones de la capital catalana, el papa la ha definido «un estandarte de caridad, porque Dios nos ama así, transformando un instrumento de muerte en signo de esperanza»,
«Esta cruz brilla de día, reflejando la luz del sol, y brilla de noche, iluminando la ciudad como un faro abierto al Mediterráneo», ha expresado.
En su homilía, Robert Prevost también se ha referido al «arquitecto ardiente de fe, el venerable Antoni Gaudí», del que se cumplen 100 años de su muerte, y «que concibió estos espacios con el deseo de narrar los misterios de la vida del Señor».
De este modo Gaudí «ha propuesto una peregrinación espiritual, que conduce al encuentro con Cristo nacido, muerto y resucitado por nosotros», ha continuado.
Ha agradecido «a todos los promotores y benefactores, a los artistas y a los trabajadores que cooperan en la construcción de una obra maestra arquitectónica» que ha definido como «una elocuente catequesis hecha de piedras, colores y luz».
El papa ha concluido recordando que «la Sagrada Familia es la iglesia más alta del mundo, no para destacar en clasificaciones mundanas, sino para guiar los pasos del pueblo de Dios que peregrina en esta tierra de Cataluña, con la cruz que ilumina el camino, como una lámpara encendida en la espera del regreso del Esposo».
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