La Unión Eléctrica reportó una disponibilidad de 1.133 megavatios (MW) frente a una demanda de 2.700 MW a las seis de la mañana, con un déficit nocturno proyectado de 2.147 MW. En La Habana, los apagones llegaron a 20 y 22 horas diarias durante este mes.
El 13 de mayo, se registró un déficit récord de 2.153 MW, superado al día siguiente con 2.174 MW. El 16 de este mismo mes, el 51% del país quedó sin electricidad de forma simultánea.
Las causas de la crisis son estructurales. Las termoeléctricas del país fueron construidas en la era soviética y llevan décadas sin mantenimiento. La reducción de los envíos de petróleo desde Venezuela y México, reportada desde diciembre pasado, agravó el colapso hasta niveles insostenibles. En febrero, el régimen activó la llamada “Opción Cero”, un plan de emergencia heredado del Período Especial de los años ’90 que implica priorizar servicios esenciales y recurrir a tracción animal, carbón y biomasa.
El impacto sobre la salud y el bienestar de la población es profundo. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) advirtió en febrero que los hospitales cubanos enfrentan “serias limitaciones operativas”, con unidades de cuidados intensivos y urgencias comprometidas. En abril, la misma organización reportó que más de 96.000 cirugías habían sido aplazadas, entre ellas 11.000 pediátricas, y que 3.000 niños enfrentaban retrasos en vacunación, informó el portal digital de Infobae.
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